Si padeces asma, seguramente sabes que tu inhalador es tu mejor aliado. Pero, ¿qué ocurre si te encuentras en medio de un ataque o crisis y no tienes tu inhalador a la mano?
Aprender estrategias para intentar controlar un ataque de asma sin el inhalador es esencial entre quienes dependen de este dispositivo. Aunque lo ideal es tener la medicación siempre a mano, no está de más saber qué hacer cuando la misma no se encuentra disponible. Ello marcará la diferencia entre un manejo efectivo de la crisis y una situación de riesgo.
El asma es una condición inflamatoria pulmonar crónica que estrecha las vías respiratorias y puede desencadenar ataques. Los mismos van desde leves hasta potencialmente mortales.
Ante la urgencia, el inhalador de rescate se posiciona como la primera línea de defensa. Al aplicarlo, proporciona una dosis rápida de medicamento para abrir los bronquios.
Sin embargo, cuando el inhalador de rescate no está disponible y no es posible conseguir uno de manera inmediata, existen algunas prácticas que pueden ayudar. Te las explicamos a continuación.
1. Mantén la calma
Para intentar controlar un ataque de asma cuando estás sin tu inhalador, es importante que no entres en pánico. Buscar la calma te ayudará a reducir los síntomas y evitar que empeoren.
Pide ayuda y encuentra un lugar apartado donde puedas relajarte mejor. Intenta distraerte con tu móvil, con el televisor o escuchando música. De ese modo, desvías la atención durante el momento difícil.
El pánico y el estrés pueden exacerbar la situación. Agitarse o ponerse frenético provoca que los músculos del pecho se contraigan más. Ello reducirá la entrada de aire y la capacidad de expansión de los pulmones.
2. Permanece erguido y derecho
Permanecer de pie o sentarse derecho durante un ataque de asma puede ser una medida efectiva para facilitar la entrada de aire a los pulmones. Según un estudio realizado en 2018, la función pulmonar de las personas que padecen la enfermedad es mayor cuando se encuentran en posiciones erguidas.
Asimismo, un estudio publicado en 2017, realizado en un grupo pequeño de personas con asma, encontró que la función pulmonar era mayor cuando los participantes estaban de pie. En segundo lugar, eran seguidos por aquellos que estaban sentados. Al contrario, era bastante menor cuando los participantes permanecían acostados.
Entonces, para intentar controlar una crisis de asma sin el inhalador, trata de mantener la parte superior de tu cuerpo erguida, con tus hombros relajados y derechos. Si es posible, no te sientes.
En caso de necesitar sentarte sí o sí, ayúdate con una silla con apoyo. Luego de estar sentado, procura mantener una postura vertical de la cintura hacia arriba.
Es importante que evites acostarte. La posición horizontal puede empeorar los síntomas, al restringir la entrada de aire.
3. Regula tu ritmo de respiración
Aplicar estrategias para controlar la respiración durante un ataque de asma es crucial. Tomar consciencia de tus inhalaciones y espiraciones, así como mantener un ritmo constante y lento de ingreso y egreso de aire, puede estabilizar la crisis asmática.
Existen técnicas respiratorias específicas para ayudarte en el intento de controlar el asma sin inhalador. Una publicación científica del año 2020 asegura que los ejercicios de respiración tienen efectos positivos sobre los síntomas de la enfermedad.
Aprende alguno de los siguientes para los momentos críticos:
- Respiración profunda simple: respira de manera lenta y tranquila por la nariz, para mantener el aire cálido y húmedo.
- Método Papworth: cuenta hasta 4 con cada inhalación (que podrán ser por la boca o la nariz) y con cada exhalación (que deben ser por la nariz). Concéntrate en el ascenso y el descenso de tu abdomen en cada ciclo.
- Respiración Buteyko: tras algunas respiraciones profundas, inhala por la nariz. Luego de una exhalación relajada, contén la respiración por algunos segundos. Respira con normalidad otros segundos más y repite el ejercicio.
- Tos controlada: respira profundo, retén el aire durante unos segundos y luego tose con fuerza para despejar las vías respiratorias. Esta técnica puede ser útil si el ataque de asma se ve agravado por un resfriado o un exceso de flema.
- Respiración con los labios fruncidos: después de realizar algunas inhalaciones y exhalaciones profundas por la nariz, comienza a exhalar por la boca de manera controlada y constante. Frunce los labios al exhalar, como si estuvieras tratando de inflar un globo.
- Respiración diafragmática: se centra en respirar desde la región que está alrededor del abdomen, en lugar de hacerlo desde el tórax. Inhala por la nariz y siente cómo el aire expande tu estómago y los lados de la cintura. Exhala con lentitud a través de la boca y siente cómo tu abdomen se contrae.
- Respiración por fosas nasales alternativas: inhala y exhala profundo algunas veces. Luego, cierra la fosa nasal de un lado con un dedo, mientras inhalas por la del lado contrario.
- Abre la fosa nasal cerrada y cierra la otra al exhalar, alternando entre las fosas nasales.
Es aconsejable hablar con tu médico sobre técnicas de respiración útiles durante un ataque de asma. Practícalas previamente para facilitar su implementación en situaciones de crisis.
4. Recurre a la visualización
La visualización positiva puede contribuir a la relajación y calma durante un episodio de asma. Imagínate en un entorno tranquilo y agradable, como un bosque, una hamaca o una playa, para mejorar tu estado emocional.
El uso de imágenes guiadas ha demostrado mejorar el control del asma y reducir la fatiga en adultos mayores con esta condición. Es una estrategia a considerar en ausencia de un inhalador.
5. Aléjate de los desencadenantes
Identifica y evita sustancias o situaciones que desencadenan o empeoran los síntomas del asma. Es crucial alejarse de ellos para prevenir crisis asmáticas.
Algunos desencadenantes comunes del asma incluyen:
- Ejercicio intenso.
- Aire frío y seco.
- Estrés, ansiedad y depresión.
- Irritantes como el humo del tabaco o la contaminación del aire.
- Infecciones respiratorias como gripes o resfriados.
- Alérgenos como caspa de mascotas o polen.
- Ciertos medicamentos como aspirina, ibuprofeno o betabloqueantes.
Evita ambientes polvorientos, cierra ventanas en épocas de alta concentración de polen y toma medidas para reducir la exposición a los desencadenantes.
6. Llama a urgencias si no puedes controlar el asma sin inhalador
Si los métodos anteriores no mejoran tus síntomas asmáticos, comunícate con el 911 o servicios de emergencia para recibir ayuda adecuada.
La gravedad de un ataque de asma puede variar, algunos casos requieren atención médica inmediata.
No ignores síntomas como dificultad para hablar, piel fría o húmeda, confusión, labios azules, debilidad, dificultad para respirar o antecedentes de ataques graves de asma.
- Si tus niveles de oxígeno son bajos (menos del 88%), busca ayuda médica de inmediato.
¿Qué hacer cuando ya consigues tu inhalador?
Si obtienes tu inhalador durante una crisis asmática, sigue estos pasos para controlar el ataque:
- Mantén la calma y erguido, respirando lenta y constantemente.
- Usa tu inhalador de rescate cada 30-60 segundos, con un máximo de 10 inhalaciones.
- Si no mejoras, llama a emergencias. Si la ayuda tarda, repite el paso 2 mientras esperas.
Consulta con tu médico después de controlar el asma, es importante ajustar tu plan de acción para prevenir futuros ataques.
¿Cómo reducir la probabilidad de un ataque de asma?
Controla la enfermedad y toma medidas preventivas para reducir la frecuencia de las crisis asmáticas en el futuro.
- Ejercítate según lo recomendado por tu médico.
- Usa mascarilla en ambientes con alérgenos o irritantes.
- Sigue las indicaciones para usar tus inhaladores adecuadamente.
- Identifica y evita desencadenantes conocidos.
- Limita la exposición a contaminantes del aire y sigue un plan de acción personalizado.
Alternativas nutricionales para controlar el asma sin inhalador
Una dieta equilibrada puede contribuir a reducir futuros ataques de asma. Algunos alimentos pueden ayudar a controlar los síntomas a largo plazo.
Aunque no existe una dieta específica para el asma, ciertos alimentos como la cafeína y el jengibre pueden ser beneficiosos para las personas con esta condición.
- Cafeína: Consumir café o té en cantidades moderadas puede reducir el riesgo de padecer asma.
- Jengibre: Tiene propiedades antiinflamatorias y broncodilatadoras.
- Probióticos: Se encuentran en alimentos fermentados como el yogur y el kéfir, y podrían ayudar a reducir la inflamación y los síntomas del asma, aunque se necesita más investigación al respecto.
- Ajo: Con propiedades antiinflamatorias que han demostrado aliviar la inflamación bronquial en ratones, es necesario realizar más estudios para confirmar sus efectos en humanos.
- Miel: Puede ayudar a aliviar la tos y mejorar la función pulmonar en personas con asma cuando se combina con otros remedios como el comino, aunque no está claro su eficacia por sí sola.
Es importante tener en cuenta que el sobrepeso y la obesidad aumentan el riesgo de padecer asma y empeoran los síntomas. Por lo tanto, seguir una dieta equilibrada es una forma natural de controlar la enfermedad.
Terapias mentales para controlar el asma sin el inhalador
El asma tiene desencadenantes físicos, ambientales y psicológicos como el estrés, la ansiedad y la depresión.
Buscar métodos naturales para controlar estos desencadenantes es una forma efectiva de disminuir los síntomas o prevenir las crisis, aunque puede no ser fácil. Algunas opciones a considerar incluyen estrategias combinadas como mantener el inhalador de rescate a mano, alejarse de los desencadenantes y practicar técnicas de relajación.
Es esencial reconocer la importancia de buscar ayuda médica inmediata en caso de síntomas graves, ya que las medidas caseras y naturales no siempre son efectivas. Al activar el sistema de emergencias, se puede asegurar recibir la atención necesaria para prevenir complicaciones.
En un estudio reciente realizado por expertos en psicología, se encontró que las personas que practican la gratitud regularmente tienden a ser más felices en general. La gratitud se define como la capacidad de apreciar y valorar lo que se tiene en la vida, en lugar de enfocarse en lo que falta. Esto puede incluir agradecer por las pequeñas cosas, como un hermoso día soleado o una conversación agradable con un amigo, hasta cosas más grandes, como tener un techo sobre la cabeza y comida en la mesa.
La práctica de la gratitud puede tener numerosos beneficios para la salud mental y emocional. Al centrarse en lo positivo en lugar de lo negativo, las personas pueden experimentar una mayor sensación de bienestar y satisfacción en sus vidas. Además, la gratitud puede ayudar a reducir el estrés y la ansiedad, mejorar las relaciones interpersonales y promover un sentido de conexión con los demás.
Existen varias formas de incorporar la gratitud en la vida diaria. Algunas personas mantienen un diario de gratitud, en el que escriben algo por lo que están agradecidos cada día. Otras prefieren expresar su gratitud verbalmente, ya sea a través de palabras de agradecimiento a los demás o simplemente tomando un momento para reflexionar sobre las cosas buenas que tienen en sus vidas.
En resumen, practicar la gratitud puede ser una forma efectiva de mejorar la felicidad y el bienestar general. Ya sea a través de la escritura, la expresión verbal o simplemente tomando un momento para reflexionar, cultivar la gratitud puede tener beneficios significativos para la salud mental y emocional.
