Biografía del autor de cuentos: una mirada detallada a la vida de este talentoso escritor.

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Los cuentos infantiles de Hans Christian Andersen son reconocidos en todo el mundo, a menudo gracias a las adaptaciones cinematográficas que se han hecho de ellos. Sin embargo, en muchas ocasiones se cambian los finales infelices de las historias por algo más alegre. Y es que, como veremos, no todos los cuentos del escritor danés tienen un final feliz…

El patito feo, rechazado por sus hermanos, descubre al final que en realidad es un cisne. Pero la sirenita, enamorada de un príncipe humano, se convierte en espuma del mar al no ser correspondida. Y la pequeña cerillera, que vive en la pobreza, muere por el frío…

Detrás de las historias de Andersen se encuentran datos biográficos del autor, que no tuvo una infancia fácil. En La pequeña cerillera, el escritor refleja la pobreza de su infancia; en El patito feo, el rechazo que sufrió en la escuela; y en La sirenita, posiblemente sus desamores.

Breve biografía de Hans Christian Andersen, el gran escritor de cuentos infantiles

Muchos de sus cuentos surgieron de su imaginación, pero otros son adaptaciones de cuentos populares que escuchó en su infancia. El folklore popular fue una importante fuente de inspiración para Andersen, al igual que lo fue para Charles Perrault o los hermanos Grimm.

La madre de Andersen, Anne Marie Andersdatter, era una lavandera casi analfabeta que había tenido que mendigar antes de casarse con el padre de Hans. El escritor nunca olvidó los cuentos que su madre le contaba antes de dormir, basados en la tradición oral danesa. Por otro lado, su padre, Hans Andersen, a pesar de ser un zapatero humilde, tenía una colección de libros con los que el joven Hans Christian soñaba.

El «patito feo» danés

Cuando nació en 1805, su madre lo llevó a una adivina local para que le predijera el futuro. La vidente declaró que el niño tendría un gran éxito, aunque no especificó en qué área. La infancia de Hans en Odense no fue fácil, ya que su aspecto físico y su timidez le valieron burlas de otros niños, experiencias que marcaron su vida.

A pesar de su fobia a los niños de adulto, Andersen era talentoso en poesía y música. Su voz hermosa lo llevó a leer sus historias en público, ganando reconocimiento como escritor.

Entre bastidores

Tras la muerte de su padre a los once años, Hans tuvo que abandonar la escuela y empezar a trabajar debido a la pobreza familiar. A los catorce años, se trasladó a Copenhague para probar suerte en el mundo del teatro, pero pronto descubrió que su voz ya no era la misma.

Intentó seguir una carrera en el teatro y escribió algunas obras, pero no tuvo éxito. Fue gracias al apoyo de Jonas Collin y el rey Federico VI que pudo continuar sus estudios superiores.

Primeros pasos como escritor

En 1827, a los veintidós años, Andersen publicó su primer poema, El niño moribundo, seguido de su primera novela, El improvisador, en 1835. A pesar de su incursión en la literatura, no fue hasta más tarde que empezó a escribir cuentos como El patito feo, El traje nuevo del emperador, El soldadito de plomo y La sirenita, que le dieron fama en toda Europa.

Viajero incansable y curioso

Andersen tenía una pasión por viajar y recorrió Europa visitando países como Alemania, Italia, Inglaterra (donde conoció a Charles Dickens) y finalmente España. Aunque sus expectativas sobre España no se cumplieron completamente, quedó impresionado por ciudades como Barcelona, Sevilla y San Sebastián.

A pesar de sus desamores, Andersen se dedicó a escribir cuentos que reflejaban sus experiencias personales. Su relación con el bailarín Harald Scharff fue una de las más duraderas y felices de su vida.

El autor con fobia a los niños

A pesar de su miedo a los niños, Andersen logró conectar con ellos a través de sus historias. Su sensibilidad y excentricidad lo hacían único, y su legado como narrador de cuentos infantiles perdura hasta hoy.

Hans Christian Andersen falleció en 1875, dejando un gran impacto en la literatura infantil. Su funeral fue acompañado por una marcha fúnebre lenta para que los niños pudieran seguir el ritmo, demostrando el cariño que les tenía a pesar de su fobia.

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