Si el pollo se siente resbaladizo al tacto y si tiene una coloración gris o manchas amarillas, descártalo. Podría significar que ha comenzado a descomponerse. Descubre otras señales de que el pollo no está apto para consumir.

El pollo es una gran fuente de proteínas, vitaminas del complejo B, minerales como hierro y otros nutrientes esenciales para el cuerpo. Sin embargo, como cualquier carne de animal, es susceptible a la contaminación bacteriana y al deterioro si no se maneja y almacena de la manera adecuada.
Es común tener un pollo en la nevera y no estar seguro de si está apto para el consumo o no. Por eso, en este manual práctico podrás aprender a determinar si esta proteína está en buen estado, a partir de aspectos como: su olor, su color o su textura.
¿Qué pasa si como pollo en mal estado?

Cada español consume unos 10,5 kilos de pollo al año en España, según el último Informe del Consumo Alimentario. Esto lo convierte en el tipo de carne más consumida, y la explicación es sencilla: además de ser más económica que la carne de res o de cerdo, tiene una gran cantidad de nutrientes.
Los principales componentes de la carne de pollo son agua (un 70 %), proteínas (20 %) y grasa (hasta un 10 %), pero también incluye aportes significativos de hierro, zinc, selenio, fósforo, magnesio y vitaminas de los complejos A y B, según describe la Fundación Española de Nutrición.
Para garantizar la calidad nutricional del pollo ―y disfrutar de su sabor― es necesario un correcto almacenamiento y manejo del alimento. Un pollo deteriorado puede contener bacterias como Salmonella, Clostridium perfringens, Campylobacter, E. coli y más. Ingerirlas puede desencadenar una intoxicación alimentaria que incluya vómitos, náuseas, diarrea, fiebre y malestar general.
Estas son 7 señales de que el pollo no está fresco
Existen muchas maneras de darse cuenta de que la carne de pollo no es apta para el consumo. Desde el aspecto hasta el olor, hay una serie de señales que indican que es mejor descartarlo, ya sea que viene desde el supermercado o que haya estado almacenado en tu congelador. Veamos, a continuación, siete indicios que te darán la pauta de que debes deshacerte de este alimento.
1. El olor
El olor es la primera señal que debería alertarte que una pieza de pollo está en mal estado. Si tiene un olor desagradable, significa que hay bacterias que están proliferando en la carne y que pueden representar un riesgo para la salud si se consume.
Un olor desagradable puede traducirse en un hedor amargo o agrio, en olor a amoníaco o sulfuro; también cualquier olor que no sea el característico aroma natural y ligero del pollo.
2. Fecha de caducidad
El pollo es uno de los alimentos que no debes consumir si ya han caducado, sobre todo si tienes dudas sobre su frescura. Antes de comprar el pollo, asegúrate de que la fecha de caducidad esté vigente y que aún haya tiempo suficiente para consumirlo antes de que expire.
Por otra parte, mucha gente se pregunta qué ocurre si el pollo vence mientras está congelado. En ese caso, y si no existe ningún indicio de deterioro, podría consumirse incluso después de su fecha de vencimiento, pues las temperaturas bajas actúan como conservante.
3. Textura
La textura es otra señal que nos habla sobre la frescura del pollo. Si al tocar la pieza se siente elástica y firme, está en buen estado. Si— por el contrario— está pegajosa, resbaladiza o presenta áreas blandas, podría ser un signo de que las bacterias han comenzado a descomponer la carne y que ya no es segura para el consumo.
4. Color

El pollo fresco, cuando está crudo, presenta una coloración rosa y carnosa. Si es opaca, es probable que esté comenzando a echarse a perder. Si es gris, significa que ya está deteriorado, y es mejor descartarlo.
También es posible que presente manchas amarillas u oscuras; cualquiera de estas señales debería alertarnos, pues podría tratarse de moho o de bacterias.
5. Estado del envase
Es común que, cuando compramos pollo en el supermercado, no nos fijemos con detalle en la bandeja en la que viene la pieza. Sin embargo, es recomendable cerciorarse muy bien de que el alimento esté cerrado de manera hermética.