La evolución humana está estrechamente ligada al control del fuego, según Richard Wrangham, profesor de Antropología Biológica de la Universidad de Harvard. Este paso de la ingesta de alimentos crudos a una dieta procesada con calor durante la transición del Homo habilis al Homo erectus proporcionó una ventaja evolutiva crucial para nuestra especie.
El fuego no solo mejoró la digestibilidad y absorción de nutrientes, sino que también propició un aumento significativo de la masa cerebral. Además, fue el catalizador de una costumbre universal en los humanos: comer juntos alrededor de la hoguera, fusionando la comida y la bebida con la conversación, la relación, el placer y la construcción de la identidad grupal.
Actualmente, todas las poblaciones humanas cocinan con calor, lo que según Wrangham es esencial para nuestra supervivencia. Cocinar transformó nuestros cuerpos, cerebros y vidas sociales, cambiando la forma en que interactuamos con los alimentos.
En el Neolítico, la humanidad experimentó un cambio radical al volverse sedentaria y dedicarse a la agricultura y la ganadería. Los banquetes comunitarios se convirtieron en una de las herramientas políticas más poderosas de la historia, marcando el inicio de la gastronomía como la conocemos hoy en día.
El uso de la cerámica permitió sofisticar las técnicas culinarias y mejorar el servicio de alimentos en las celebraciones comunitarias. La gastronomía se convirtió en una experiencia lúdica y placentera, más allá de la mera supervivencia.
Los inicios del poder político estaban ligados a la gastronomía en el Neolítico, donde las autoridades comenzaron a influir en las preferencias culinarias de la comunidad. Las innovaciones culinarias surgieron de la necesidad de mejorar la productividad y conservación de alimentos en un mundo dependiente de la naturaleza.
El Neolítico marcó un cambio significativo en la evolución humana, revolucionando la experiencia de comer y beber. Los festines se convirtieron en ocasiones extraordinarias, predecesoras de la oferta gastronómica moderna, donde la carne y el alcohol eran los protagonistas. Estas celebraciones siguen siendo disfrutadas en la actualidad, conectando a todos los seres humanos a través de la comida.