Desde el siglo XIV hasta el XVII, el agua era vista con temor o rechazo en las rutinas diarias debido a la creencia de que el cuerpo se limpiaba de otras formas, lo cual era recomendado por los médicos. La suciedad no era una preocupación en ese entonces.
La higiene personal se llevaba a cabo mayormente en seco y de manera selectiva, mientras que el perfume y el maquillaje tenían un papel importante en la sociedad de la época.
Con la llegada de la Ilustración en el siglo XVIII, el agua recuperó su importancia y bañarse se convirtió en un placer personal. Descubre cómo ocurrió en este video. ¡No te lo pierdas!