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Los siglos siguientes a la caída del Imperio Romano de Occidente vieron llegar un número importante de pueblos nómadas que se disputaron sus restos. Varios de ellos llegaron a crear sus propios imperios o reinos, más o menos duraderos. Pero es irónico que uno de los más longevos sea precisamente uno de los cuales sabemos menos: los ávaros.
Este pueblo, procedente de Asia, se estableció en Panonia (entre los Alpes, los Cárpatos y los Balcanes) entre los siglos VI y IX, arrebatando a los lombardos una buena parte de su territorio. Durante más de dos siglos fueron una verdadera fuerza a temer, que incluso llegó a atacar el Imperio Bizantino.
Pero a pesar de su importancia, hay muchas lagunas en nuestro conocimiento sobre ellos, ya que no dejaron registros escritos y lo que sabemos procede de los relatos de sus enemigos, que los conocían básicamente como guerreros.
La historia de los ávaros
Durante mucho tiempo, el origen de los ávaros había sido un misterio. En 2022, un estudio genético realizado por el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva reveló que procedían de lo que hoy es Mongolia y que estaban emparentados con varios pueblos que iban desde Irán hasta Mongolia, entre ellos los hunos.
Este estudio también descubrió que en unos pocos años este pueblo migró desde las estepas de Asia hasta Europa Central, haciendo de esta una de las migraciones a larga distancia más rápidas de la historia. El motivo de este desplazamiento parece haber sido las luchas entre las diversas tribus que estaban teniendo lugar en Asia.
Inicialmente parece que su intención habría sido atacar el Imperio Bizantino para hacerse con parte de su territorio. Sin embargo, el emperador Justiniano I pudo convencerlos (mediante un generoso soborno) que cambiasen de objetivo y se dirigieran al norte, hacia Panonia. Ahí se encontraban algunas tribus que habían llegado con los hunos de Atila, de manera que el emperador eliminaba dos problemas de golpe: por un lado se deshacía de esos peligrosos vecinos y por otra ganaba un cojín entre su imperio y el reino lombardo.
Pero los ávaros tuvieron más éxito del esperado y no solo lograron derrotar a dichas tribus, sino arrebatar toda Panonia a los lombardos y establecer su propio reino. En un momento dado, volvieron a representar un problema para el Imperio Bizantino al aliarse con los persas sasánidas, llegando a poner Constantinopla bajo asedio aunque no consiguieron penetrar sus formidables murallas.

Montañas Hungría
Procedente de Asia, el pueblo de los ávaros se estableció en Panonia (entre los Alpes, los Cárpatos y los Balcanes) entre los siglos VI y IX.
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Entre finales del siglo VII y durante todo el VIII, los ávaros fueron perdiendo el control de su territorio, que quedó reducido a la mitad de su extensión. Finalmente, en el año 810 el reino ávaro cayó bajo los ejércitos de Carlomagno y Krum, rey de Bulgaria.
Un pueblo misterioso
El hecho de que los ávaros no dejaran registros escritos limita mucho el conocimiento sobre las costumbres y la vida cotidiana de este pueblo.
De hecho, ni siquiera se sabe qué lenguaje hablaban o el alfabeto que utilizaban. Los estudiosos de la cultura ávara proponen que los primeros que llegaron usaban una lengua de origen mongol o túrquico y que esta fue la que siguieron usando las élites, mientras que entre las capas populares se mezcló con las lenguas ya presentes para dar lugar a una forma de protohúngaro.
La mayoría del conocimiento antopológico que se tiene sobre este pueblo procede de las tumbas y, por lo tanto, es solo un reflejo de la élite guerrera. Por ese motivo, el aspecto militar es el que conocemos mejor, ya que se conservan un buen número de ricos ajuares funerarios. Gracias a esto sabemos que principalmente luchaban a caballo, divididos entre una caballería ligera de arqueros y una caballería pesada de guerreros armados con lanzas, espadas y hachas.
Por los objetos personales que tenemos, se deduce que con el tiempo los ávaros se fueron mezclando con los otros pueblos que habitaban Panonia y que recibieron influencias variadas de origen eslavo, bizantino e incluso persa. Hacia el siglo VII ya encontramos una cultura mixta desarrollada, lo cual sugiere una integración notablemente rápida y una convivencia notable con los habitantes ya establecidos; algunos estudiosos creen incluso que las élites eslavas llegaron a participar en el gobierno del nuevo reino.
Las últimas investigaciones sobre los ávaros parecen establecer una cierta continuidad cultural entre este pueblo y las naciones eslavas, llegando a influenciar incluso a otras culturas cercanas como la húngara, por lo que su estudio puede ayudar a comprender mejor la historia de las naciones de Europa del Este durante la Edad Media.

