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Abel G.M.
Periodista especializado en historia, paleontología y mascotas
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Las vestales eran un grupo de sacerdotisas de la antigua Roma dedicadas al culto de Vesta. Su misión más importante era mantener siempre encendido el fuego sagrado de la diosa, que según la leyenda fue alumbrado por primera vez en los albores de la época monárquica.
Se decía que, si este se apagaba (lo cual sucedió en alguna ocasión), una gran desgracia caería sobre Roma, por lo que las vestales eran las mujeres más respetadas de la ciudad y contaban con algunos privilegios impensables para el resto de las romanas, como el de no tener ningún tutor hombre. Solo el sumo sacerdote o pontifex maximus tenía autoridad sobre ellas.
Las vestales entraban como novicias siendo generalmente muy jóvenes y dedicaban diez años al aprendizaje, otros diez a las funciones sacerdotales y otros diez a formar a las nuevas novicias. Pasado este tiempo podían retirarse y pasar a ser ciudadanas corrientes, pero muchas elegían seguir en el sacerdocio para conservar su posición y privilegios.
Aparte de dejar que el fuego se apagase, en cuyo caso se azotaba a la sacerdotisa que estuviera al cargo en ese momento, la peor falta que podía cometer una vestal era mantener relaciones sexuales: si la descubrían era ejecutada de forma terrible, siendo emparedada en los muros de la ciudad.
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