William Kemmler fue el primer condenado a morir en la silla eléctrica, acusado de matar a su esposa en 1890. La ejecución tuvo lugar en la prisión Auburn de Nueva York y no salió como se esperaba.
La silla eléctrica fue inventada por Harold Brown, ex empleado de Thomas Edison, como un método más rápido y menos doloroso que la horca. Sin embargo, la primera ejecución no fue exitosa.
A pesar de una descarga de 1.000 voltios durante 17 segundos, Kemmler seguía vivo e inconsciente, por lo que se aplicó una segunda descarga de 2.000 voltios. Durante esta segunda descarga, los vasos sanguíneos del condenado explotaron y su piel se desprendió.
Kemmler tardó entre 2 y 4 minutos en morir de una forma extremadamente dolorosa, lo que llevó a una revisión del aparato y de los protocolos de uso de la silla eléctrica.