Los senones fueron un pueblo galo que, durante la conquista de Julio Cesar, habitó un territorio que hoy en día incluye las regiones francesas de Sena y Marne, Loiret y Yonne, estableciéndose en Autessiodurum, la actual ciudad de Auxerre, en el año 30 a.C.
Considerada por los romanos como capital provincial, no sería hasta el siglo IV, con la construcción de un recinto fortificado (castrum), y especialmente durante el siglo V, cuando Auxerre alcanzó cierta relevancia económica y religiosa de la mano del obispo san Germán, un noble romano que falleció en la ciudad italiana de Rávena.
En el mes de febrero de 2024, un equipo de arqueólogos del Instituto Nacional de Investigaciones Arqueológicas Preventivas (INRAP) descubrió, durante las excavaciones que se están llevando a cabo en el centro histórico de la ciudad de Auxerre (donde se alzó el recinto fortificado), una necrópolis en la que localizaron varias inhumaciones de niños muy pequeños (mortinatos) o que habían nacido muertos.
Diversas formas de enterramiento
Situada en el exterior de la antigua Autessiodurum, la necrópolis está en muy buen estado de conservación, lo que permitirá a los arqueólogos estudiar en profundidad las prácticas funerarias que allí se llevaron a cabo. Junto a los entierros infantiles se han encontrado restos de vajillas de cerámica que fueron depositados como ofrendas, y una serie de objetos apotropaicos, es decir, destinados a proteger a los niños fallecidos en el más allá, como una perla, una moneda, un huso (pieza utilizada para tejer) y una taza de cerámica en miniatura que fue colocada sobre la cabeza de uno de los niños allí enterrados.
La necrópolis descubierta en Auxerre está en muy buen estado de conservación, lo que permitirá a los arqueólogos estudiar con más profundidad las prácticas funerarias.


Los arqueólogos encontraron una taza de cerámica colocada sobre la cabeza de uno de los niños enterrados.
Los arqueólogos encontraron una taza de cerámica colocada sobre la cabeza de uno de los niños enterrados.
Loïc Gaëtan, INRAP


Imagen de un recién nacido enterrado en el interior de una vasija de cerámica.
Imagen de un recién nacido enterrado en el interior de una vasija de cerámica.
Christophe Fouquin, INRAP
La mayoría de los cuerpos se encuentran en posición fetal, aunque algunos están boca arriba (decúbito supino). Durante la excavación, los arqueólogos han podido documentar una gran diversidad de formas de enterramiento: algunos de los niños se dispusieron en el interior de tejas (imbrex), en ataúdes de madera, cortezas de árboles, encofrados de piedra, dentro de vasijas de cerámica o envueltos en textiles. En algunos casos se ha observado que los cuerpos simplemente se cubrieron con fragmentos de ánforas para protegerlos.
Mortalidad infantil
En otras ocasiones, los arqueólogos han comprobado que se reutilizaron piedras grabadas con un rosetón para marcar la tumba, observándose hasta ocho etapas durante el proceso de enterramiento, lo que confirmaría la complejidad de los ritos funerarios y que los cuerpos de estos niños no fueron abandonados, sino todo lo contrario: habrían recibido un cuidado especial tras su muerte. Los arqueólogos asimismo han observado hasta cinco niveles de enterramientos, lo que confirmaría una elevada tasa de mortalidad infantil en el mundo galorromano durante los siglos I y III.
En algunos casos se reutilizaron piedras grabadas con un rosetón para marcar la tumba, observándose hasta ocho etapas durante el proceso de enterramiento.


Restos óseos de un recién nacido enterrado en el interior de una teja.
Restos óseos de un recién nacido enterrado en el interior de una teja.
Corentin Dujancourt, INRAP
La saturación de la necrópolis de Auxerre provocó que algunas de las tumbas se superpusieran a otras, lo que podría estar relacionado, según los investigadores, con un problema de espacio, pero también con el estatus de los propios niños, que en ese período no siempre eran percibidos como individuos por derecho propio. Los investigadores están convencidos de que las excavaciones en Auxerre aportarán nuevos e interesantes datos, además de suscitar muchas preguntas, acerca de las prácticas funerarias antiguas que implican a niños muy pequeños y neonatos.