En un estudio reciente publicado en la revista Nature, se descubrió que la mayoría de las plantas tienen la capacidad de comunicarse entre sí a través de sustancias químicas liberadas en el suelo. Los investigadores encontraron que las plantas pueden enviar mensajes a otras plantas cercanas para alertar sobre la presencia de insectos dañinos o para compartir nutrientes. Este hallazgo revolucionario sugiere que las plantas tienen un sistema de comunicación mucho más sofisticado de lo que se creía anteriormente.

Además, los científicos observaron que las plantas también pueden comunicarse con otros organismos, como hongos y bacterias, para formar alianzas beneficiosas. Esta comunicación entre especies es fundamental para la salud y el crecimiento de las plantas, ya que les permite adaptarse a su entorno y protegerse de posibles amenazas.

Estos descubrimientos abren nuevas posibilidades en la investigación de la biología vegetal y plantean la pregunta de si las plantas son capaces de tener algún tipo de inteligencia colectiva. A medida que se profundiza en el estudio de la comunicación entre las plantas, es evidente que estas son mucho más complejas de lo que se pensaba anteriormente y merecen ser estudiadas con mayor detalle.

Distrito
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El 5 de febrero del año 62 d.C., Pompeya resultó casi totalmente destruida por un terrible terremoto y por los incendios que siguieron al temblor. La reconstrucción fue lenta, y diecisiete años después todavía proseguían las labores de reparación y embellecimiento. Por eso, es posible que los temblores de tierra que sacudieron la ciudad durante la segunda mitad del mes de agosto del año 79 d.C.  incitaran a muchos pompeyanos a huir hacia Nápoles e, incluso, a marchar a Roma.

En todo caso, nada anunció lo que iba a ocurrir el  24 de agosto de ese mismo año [estudios recientes indican que la erupción pudo ser en realidad en octubre]. Poco después del mediodía, una tremenda explosión lanzó al aire el tapón rocoso que cerraba el cráter del Vesubio. Una enorme columna de gas, humo y ceniza se elevó hasta una altura de varios kilómetros. Mientras ascendía, el material iba perdiendo su forma gaseosa y se iba convirtiendo en cenizas y piedra pómez, que en las horas siguientes empezaron a caer anegando casi toda la parte oriental y meridional de las faldas del Vesubio. Pompeya acabó ahogada por una capa de más de dos metros de cenizas y piedra pómez.

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Muchos murieron por el desprendimiento de los techos de las casas, incapaces de soportar el peso de las cenizas. Otros, la mayoría, lograron huir. Pero los rezagados sufrieron un destino terrible, cuando, en la madrugada y la mañana del día siguiente, sucesivas oleadas de gases y material incandescente se abatieron desde el Vesubio hacia Pompeya, Herculano y las demás poblaciones en torno al volcán, matando en el acto a cientos de personas y dejándolo todo cubierto por espesas capas de residuos.

Los últimos de Pompeya

Los restos de las víctimas de la gran erupción del año 79 empezaron a salir a la luz en los siglos XVIII y XIX. Fueron primero esqueletos cubiertos por piedra pómez; luego, moldes humanos, elaborados por los arqueólogos según un ingenioso procedimiento que consistía en rellenar  con escayola los huecos que los cuerpos, al descomponerse, habían dejado entre las capas de cenizas. Pero, ¿a quién pertenecían esos cuerpos? ¿Qué sabemos de los últimos habitantes de Pompeya?

Los restos de las víctimas de la gran erupción del año 79 empezaron a salir a la luz en los siglos XVIII y XIX.

Imagen que muestra algunos calcos de cuerpos de víctimas de la erupción del Vesubio realizados por los arqueólogos.Imagen que muestra algunos calcos de cuerpos de víctimas de la erupción del Vesubio realizados por los arqueólogos.

Imagen que muestra algunos calcos de cuerpos de víctimas de la erupción del Vesubio realizados por los arqueólogos.

Imagen que muestra algunos calcos de cuerpos de víctimas de la erupción del Vesubio realizados por los arqueólogos.

Parco Archeologico di Pompei

Gracias al trabajo de generaciones de arqueólogos, historiadores, excavadores y aficionados conocemos el nombre de más de dos mil personas que vivieron en Pompeya en los dos últimos siglos de su existencia. No es mucho si lo comparamos con los entre doce mil y veinte mil habitantes de la ciudad en el momento de la erupción. Pero basta para evocar la vida de algunos de ellos, sobre todo de los que murieron aquella mañana veraniega.

De estos se han encontrado unos cuatrocientos cadáveres y otros setecientos huecos dejados por los materiales piroclásticos. Naturalmente, no podemos saber a quién pertenecía cada cadáver, pero sí se han podido estudiar algunas de sus características fisiológicas e, incluso, su ADN. Gracias al hallazgo de frecuentísimos cálculos renales sabemos, por ejemplo, que las personas en Pompeya solían tener problemas bucales debido a la poca higiene dental. Pero se sabe muy poco de la identidad de los cadáveres hallados.

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Algunos casos hablan de la codicia humana incluso en momentos de gravísimo peligro, sobre todo en casas «bien». En la casa del Fauno, mientras algunas personas se escondían en las habitaciones, la señora (domina) se entretuvo en recoger joyas y monedas de oro. Enloquecida por el calor, se refugió en el comedor poco antes de que Este se derrumbara sobre ella y sus ahorros. Lo mismo le ocurrió a la supuesta mujer de Cosio Libanio: él pudo huir, pero su esposa, acompañada de tres esclavas, volvió a recoger sus joyas. Todas perecieron en la calle, aferradas a sus pertenencias. No es extraño que estas mujeres cayeran bajo el peso del oro (y la ceniza): la mujer romana sOlo podía esperar algo de libertad de su riqueza, lo único que podía atenuar la rígida tutela masculina.

Detalle de un mosaico romano encontrado en el interior de la casa del Fauno en Pompeya.Detalle de un mosaico romano encontrado en el interior de la casa del Fauno en Pompeya.

Detalle de un mosaico romano encontrado en el interior de la casa del Fauno en Pompeya.

Detalle de un mosaico romano encontrado en el interior de la casa del Fauno en Pompeya.

PD

Y precisamente la tutela masculina pudo ser la causa de la muerte de la rica dama de la villa de Diomedes. El dueño de la villa, haciendo uso de su autoridad familiar, intentó esconder a su esposa, a su hijo pequeño, a otras dos jóvenes y a algunos sirvientes (en total, 18 personas) en las enormes tinajas hundidas en el suelo para servir de almacén, donde debían aguantar hasta que la lluvia de cenizas cesara; con ellos se ocultaron víveres, joyas y telas. Todos murieron asfixiados o sepultados por los materiales incandescentes.

La resistencia de estas personas a abandonar la villa y sus propiedades para evitar un posible saqueo confirma la hipótesis de que entre los fallecidos se encontraban los ricos terratenientes dueños de la finca. En la famosa villa de los Misterios, no solo murieron los propietarios y sus sirvientes, sino también los trabajadores que se ocupaban de reformar la casa. En otros edificios, como la casa de Menandro, algunos intentaron escapar de diferentes formas, pero lamentablemente todos encontraron la muerte de manera atroz protegiéndose como pudieron. Incluso políticos, sacerdotes, y gladiadores no lograron sobrevivir a la erupción.

Entre los duunviros de Pompeya estaba Marco Holconio Prisco, miembro de una familia prominente en la ciudad. Los sacerdotes del templo de Isis también sufrieron un destino trágico, al igual que los gladiadores en su cuartel. La muerte se cobró vidas de manera indiscriminada, afectando a todos los estratos sociales. Muchas personas murieron en las calles, aplastadas por columnas o en sus propias casas, sin poder escapar de la catástrofe. Incluso un grupo de personas cerca de la tumba de Obelio Firmo fue derribado por la onda piroclástica.

La tragedia de Pompeya afectó a todos por igual, sin importar su estatus social o profesión. La erupción del Vesubio dejó un legado de destrucción y muerte que aún hoy nos recuerda la fragilidad de la vida ante la furia de la naturaleza. El cuadro «El último día de Pompeya» es una obra de Karl Briullov, realizada entre 1830 y 1833, que se encuentra en el Museo Estatal de San Petersburgo. La pintura retrata escenas de la tragedia que ocurrió en Pompeya durante la erupción del Vesubio.

En 1962, se descubrieron los restos de tres familias en la puerta de Nocera, víctimas de la lluvia de lapilli que cayó sobre la ciudad. Entre los cadáveres encontrados se especula que podría estar el cuerpo de Tito Suedio Clemente, un amigo de Vespasiano y senador romano enviado a Pompeya para investigar casos de corrupción inmobiliaria.

Además de los restos humanos, también se han encontrado evidencias de la tragedia en animales, como un perro atado que intentaba escapar de la montaña de lapilli en la casa de Vesonio Primo. Estos hallazgos muestran la magnitud de la tragedia que se vivió en Pompeya y que fue ocultada por las cenizas durante siglos.

La inteligencia artificial ha revolucionado muchos aspectos de nuestra vida, incluida la medicina. A continuación se presentan algunas de las ventajas más destacadas de la inteligencia artificial en el campo de la salud:

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En resumen, la inteligencia artificial está transformando la medicina y mejorando la calidad de atención médica que recibimos.

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