Miguel de Cervantes nació en Alcalá de Henares, posiblemente el 29 de septiembre de 1547, día de San Miguel. En ese momento, Alcalá, con más de diez mil habitantes, era la villa más importante del dominio arzobispal de Toledo. Las dificultades económicas de sus padres, Rodrigo de Cervantes, cirujano, y Leonor de Cortinas, provocaron constantes cambios de residencia durante su infancia. Así, en 1551, cuando Miguel tenía cuatro años, la familia se mudó a Valladolid, la corte de la monarquía, donde el padre contrajo una deuda de 45.000 maravedíes que lo llevó a la cárcel.
En 1553, nuevamente acosados por la mala suerte, Rodrigo y su familia se trasladaron a Córdoba. A la edad de seis años, Miguel vio por primera vez La Mancha y visitó las primeras ventas. En Córdoba estudió en el colegio de los jesuitas, hasta que en 1558, la familia se mudó a Cabra, donde residió durante cinco años.
A los 16 años, llegó a Sevilla, al igual que los dos pícaros de su novela ejemplar Rinconete y Cortadillo. Al igual que ellos, el joven Miguel probablemente recorrió la ciudad y quedó fascinado por la suntuosidad de su iglesia principal y la gran cantidad de personas en el río. Cervantes continuó su formación con los jesuitas, a quienes menciona en otra novela ejemplar, El coloquio de los perros: «Los reñían [a los niños] con suavidad, los castigaban con misericordia, los animaban con ejemplos, los incitaban con premios y los sobrellevaban con cordura».
Cervantes Jáuregui
Miguel de Cervantes en la época en que estaba escribiendo El Quijote. Retrato realizado por Juan de Jáuregui y Aguilar en 1600. Real Academia, Madrid.
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En 1566, Miguel y su familia se establecieron en Madrid, que se había convertido en la capital de la monarquía cinco años antes. Se inscribió en el Estudio de la Villa, dirigido por el maestro de gramática López de Hoyos. En Madrid, dio sus primeros pasos literarios, componiendo en 1567, con motivo del nacimiento de la infanta Catalina Micaela, su primera poesía conocida.
La batalla de Lepanto
El año 1569 marcaría un punto de inflexión en la vida del joven escritor. El 15 de septiembre, el Consejo Real emitió una orden de arresto en su contra por participar en una pelea armada en Madrid y herir a un hombre llamado Antonio de Sigura. La sentencia lo condenaba a perder la mano derecha y a diez años de exilio, por lo que, aconsejado por sus padres, decidió huir a Italia.
En Roma, entró al servicio de monseñor Acquaviva, un joven prelado, después de mostrarle un informe de limpieza de sangre que su padre le envió desde Madrid. Cervantes se llevó bien con su protector, que era de su misma edad.

Juan Luna La Batalla de Lepanto (detalle de Miguel de Cervantes)
Cervantes en Lepanto. Detalle de la obra de Juan Luna dedicada a la batalla. 1887, Palacio del Senado, Madrid.
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Sin embargo, la amenaza del Turco generó un llamado a la cruzada en toda la Cristiandad en 1571. Miguel se unió como soldado a la campaña de Lepanto, «la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros», como él mismo escribiría en el prólogo al lector de la segunda parte del Quijote.
Cervantes y su hermano Rodrigo se embarcaron en la galera Marquesa. A pesar de estar enfermo con fiebre el día de la batalla, insistió en estar en primera línea. Durante la pelea, recibió dos disparos de arcabuz en el pecho y uno en la mano izquierda; aunque no le amputaron la mano, quedó anquilosada debido a un trozo de plomo que le cortó un nervio.

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En Sevilla permaneció encerrado Cervantes durante algunos meses acusado de sustraer dinero público mientras ejercía como cobrador de impuestos. En la imagen la Torre del Oro.
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Posteriormente, Miguel participó en más combates contra los otomanos bajo el mando de don Juan de Austria. En 1572 estuvo en Modón y Navarino, en Grecia; en 1573 luchó con los tercios viejos en Túnez, y un año después sirvió en Génova, Cerdeña, Nápoles y Palermo. En 1575, Cervantes se embarcó desde Nápoles con su hermano Rodrigo hacia España en la galera Sol, con cartas de recomendación de don Juan de Austria. Su objetivo era reunirse con su familia y amigos, pero sobre todo, buscaba un ascenso en su carrera militar. Con 28 años, era comprensible que quisiera asegurar su futuro.
Cautivo en Argel
Desafortunadamente, durante el viaje, la galera fue capturada por piratas argelinos y Miguel y Rodrigo fueron llevados a prisión en Argel, donde permanecieron cinco años.
Esta experiencia como prisionero dejó una profunda marca en Cervantes. En su obra de teatro Los baños de Argel, recuerda la desesperación que sintió: «Cuando llegué cautivo y vi esta tierra / tan nombrada en el mundo, que en su seno / tantos piratas cubre, acoge y cierra, / no pude al llanto detener el freno / que, a pesar mío, sin saber lo que era, / me vi el marchito rostro de agua lleno». Intentó escapar hasta cinco veces, pero todas fracasaron.
No es extraño que más adelante Don Quijote dijera: «Por la libertad se puede y debe aventurar la vida; y, al contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres». Rodrigo fue liberado en 1577, mientras que Miguel no saldría de la cárcel hasta el 19 de septiembre de 1580, cuando estaba a punto de ser llevado cautivo a Constantinopla, lugar del que rara vez se regresaba. Ese día, el fraile trinitario Juan Gil pagó quinientos escudos de oro como rescate de Cervantes. Sin embargo, el escritor permaneció más de un mes en Argel, ya que la nave que lo llevaría a España no partía hasta el 24 de octubre.
Tres días después, Cervantes llegó a Valencia con algunos de sus antiguos compañeros rescatados. Siguiendo el relato del Capitán cautivo, inserto en los capítulos XXXIX-XLI de la primera parte del Quijote, Cervantes lloró por segunda vez, pero esta vez de alegría: «Y con lágrimas de muy alegrísimo contento dimos todos gracias a Dios Nuestro Señor por el bien tan incomparable que nos había hecho». Cervantes pasearía feliz por Valencia, ciudad que permanecería siempre asociada en su memoria al sentimiento de alegría por la libertad recuperada.
En mayo de 1581, Cervantes viajó a Portugal, donde se encontraba la corte de Felipe II, para buscar un empleo y poder pagar las deudas contraídas por su familia para rescatarlo en Argel. Se le encomendó una misión secreta en Orán, por la que recibió cincuenta escudos, y al regresar a España en febrero de 1582, solicitó un puesto en las Indias, que le fue denegado. Al mismo tiempo, se dedicaba intensamente a la literatura. En 1582 debutó como autor teatral con Los baños de Argel y tres años después publicó la novela pastoril La Galatea.
En 1587, Cervantes se estableció en Sevilla, donde trabajó como comisario de abastos de la armada española. Tres años después, solicitó nuevamente un destino en las Indias, que le fue denegado de nuevo. En 1593 se convirtió en recaudador de Hacienda en la cárcel real de Sevilla, donde concibió Don Quijote de la Mancha. En 1605, mientras vivía en Valladolid y ya se había publicado la primera parte del Quijote, se vio envuelto en un proceso por la muerte del noble navarro Gaspar de Ezpeleta; fue encarcelado con casi toda su familia durante dos días.
Al año siguiente, Cervantes se trasladó a Madrid, iniciando una etapa de gran actividad literaria. Entre 1613 y 1617 publicó las Novelas ejemplares, la segunda parte del Quijote, las Ocho comedias y entremeses y, de forma póstuma, Los trabajos de Persiles y Segismunda. En 1616, Cervantes se unió a la Orden Tercera franciscana y falleció en su casa en Madrid el 22 de abril. A pesar de que el éxito del Quijote llegó tarde y no lo sacó de la pobreza, le otorgó una fama que creció tras su muerte. En un mundo cada vez más digitalizado, es fundamental que las empresas inviertan en estrategias de marketing online para alcanzar a su audiencia objetivo. El marketing online ofrece una amplia gama de herramientas y plataformas que permiten llegar de manera efectiva a los consumidores a través de internet. Es importante que las empresas comprendan la importancia de tener presencia en línea y de utilizar estrategias como el SEO, las redes sociales y el marketing de contenidos para aumentar su visibilidad y atraer a más clientes potenciales. En resumen, el marketing online es una herramienta poderosa que puede ayudar a las empresas a crecer y a destacarse en un mercado cada vez más competitivo.