El estudiante se incorpora a la vida universitaria, un nuevo mundo lleno de retos y oportunidades. Es importante que se adapte rápidamente a esta nueva etapa para sacar el máximo provecho de su experiencia académica. La universidad ofrece una gran variedad de recursos y servicios para apoyar a los estudiantes en su camino hacia el éxito. Es fundamental que el estudiante se informe y haga uso de estos recursos, como tutorías, bibliotecas, servicios de apoyo psicológico, entre otros. Además, es importante que el estudiante se organice y establezca metas claras para su formación académica y profesional. Con determinación y esfuerzo, el estudiante podrá alcanzar sus objetivos y convertirse en un profesional exitoso.

Distrito
21 Min Read

El palacio de la Alhambra y la ciudad que se extiende a sus pies, Granada, están unidas por su mismo nombre. Al-Hamra es la Colina Roja, y Granada recuerda el fruto granate. En realidad, hay varias propuestas sobre la etimología de los dos topónimos.

La voz Granada deriva de Garnata, término de origen dudoso, mientras Alhambra sugiere el tono rojizo de la arcilla del monumento, la tierra de la colina sobre la que se extiende, la luz de las antorchas que iluminaban a los canteros de noche. Pero también remite a un personaje del siglo XIII, Muhammad ibn Nasr, apodado Ibn al-Ahmar, el Rojo, por sus cabellos teñidos de alheña, fundador de la dinastía nazarí que reinó en Granada hasta 1492 y primer residente en el espacio alhambreño. 

Bajo su lema político-religioso «No hay más vencedor que Alá», el linaje de los Banu Nasr se mantuvo durante casi tres siglos al frente del que sería el último Estado andalusí: el reino nazarí de Granada. Este emirato aglutinó en torno a su capital de la Vega granadina los territorios islámicos del sureste peninsular, en rivalidad constante con otras ciudades de importancia económica y cultural, como Almería y Málaga. 

shutterstock 2450731267

shutterstock 2450731267

Desde el siglo XIV, la Alhambra se convirtió en un importante centro artesanal, en cuyos talleres se realizaban piezas tan sofisticadas como esta vasija. Museo de la Alhambra.  

shutterstock

Fue un período en el que la Corona de Castilla expandía sus territorios, Aragón se abría al comercio mediterráneo y las repúblicas italianas conocían su máxima expansión mercantil, mientras el sultanato meriní de Fez dominaba el Magreb y el Oriente islámico entraba a formar parte del pujante mundo otomano. En esa coyuntura internacional, el reino nazarí se debatió entre necesidades e intereses contrapuestos: vasallo y aliado de Castilla, fue también su más acérrimo enemigo, en constante alternancia de períodos de guerra, pactos y tratados oficiales; a la vez fue correligionario y rival político del sultanato de Fez. 

La Alhambra y Granada mantuvieron una relación compleja, de dependencia mutua y a veces de rivalidad. El papel del palacio fortificado no se redujo a defender la ciudad situada a sus pies. Entre los siglos IX y XI la Colina Roja se edificó como baluarte defensivo, formando la columna vertebral del espacio de la alcazaba granadina. Por entonces Granada era una fortificación (hisn, qal’a). Pero poco a poco, y antes de que se instalara la dinastía nazarí, el lugar se convirtió en una entidad urbana, una medina, en conexión amurallada con el castillo. Con la llegada de Muhammad I Ibn al-Ahmar y su investidura (bay’a) en 1238, la fortaleza fue reconvertida en ciudad palatina independiente, a fin de atender las necesidades públicas y privadas de los reyes nazaríes.

shutterstock 1667100517shutterstock 1667100517

shutterstock 1667100517

Patio de los leones. Esta hermosa fuente constituye el principal atractivo del palacio de los Leones, construido en 1362 por Muhammad V, promotor de una intensa labor constructiva en la Alhambra. 

shutterstock

La Colina Roja se transformó en sede del poder, centro de la administración y residencia de la familia real. Los sucesores de Muhammad irían organizando el espacio de la Alhambra y desarrollando sus múltiples funciones: defensiva, residencial, administrativa, protocolaria, comercial y artesanal. 

LA MORADA DE LOS SULTANES 

Se sabe que el primer soberano nazarí, Muhammad I, residió en la torre del Homenaje de la Alhambra, aunque fue ya él quien dio arranque al fabuloso entramado alhambreño con la decisión de construir una gran acequia para abastecer de agua el proyecto de ciudad palatina. La conexión con el núcleo urbano era evidente en la entrada principal a la fortaleza a través de la puerta de las Armas, situada frente al Albaicín, el barrio más populoso de la ciudad. Pero fue sobre todo Muhammad III, a principios del siglo XIV, el responsable del diseño general del conjunto de la Alhambra y de su conversión en una verdadera ciudad palaciega. Él sentó las bases de las superposiciones, yuxtaposiciones y ampliaciones arquitectónicas que constituirían el peculiar entramado de la ciudadela nazarí. 

Entre 1309 y 1333 asistimos a un período de transición, en el que, tras la abdicación del sultán Nasr y la investidura de Ismail I (1314), el poder pasó a otra rama de la dinastía nazarí. Los nuevos soberanos construyeron nuevos espacios para legitimar su autoridad, como el cementerio real (rawda), donde Ismail I enterró a su abuelo para señalar su continuidad dinástica. 

Hall of Kings (Alhambra) 08Hall of Kings (Alhambra) 08

Hall of Kings (Alhambra) 08

Soberanos nazaríes en la bóveda de la sala de los reyes.

Wikimedia Commons

La fase de apogeo de la dinastía nazarí se sitúa en los años que van de 1333 a 1391, y fue entonces cuando se produjo la máxima efervescencia edificadora en el complejo palatino de la Alhambra y en Granada. En conexión con la labor constructiva de Muhammad IV, su hijo Yusuf I erigió múltiples torres que desde entonces marcan el perfil de la fortaleza (Cadí, Cautiva, Comares, Quebrada) así como dos grandes puertas monumentales: la de la Justicia y la de los Siete Suelos. 

Abrió una gran brecha entre la Alhambra y la capital con la construcción de dos grandes puertas de acceso que conectaban la ciudad palatina con la zona oriental, compuesta por el Generalife, el palacio de los Alijares y la casa de la Novia –dos residencias palaciegas hoy desaparecidas–; de este modo el emir podía trasladarse a esta área de recreo sin necesidad de atravesar Granada. Estas impresionantes puertas monumentales, con los símbolos del poder nazarí grabados en ellas y el uso dado a sus alrededores, desde entonces mostraron claramente la superioridad del espacio palaciego de la dinastía gobernante sobre la medina granadina. Esta evolución se acentuó en la segunda mitad del siglo XIV, durante el largo reinado de Muhammad V. Después de su destitución en 1359, Muhammad tomó el modelo palatino de la corte de los meriníes de Fez y lo implementó en la Alhambra a su regreso a Granada en 1362. Realizó una reforma en el Mexuar, el lugar donde los monarcas se reunían con sus ministros y súbditos. Durante la celebración del nacimiento del Profeta en 1362, se pudo observar la relación entre la ciudad de Granada y el soberano de la Alhambra.

Según Ibn al-Jatib en su crónica, en esa ocasión se ubicaron protocolariamente a los invitados, desde los jefes de las cabilas hasta los sufíes y faquires, y finalmente los mercaderes y notables granadinos. La Alhambra fue el escenario principal de la vida política del emirato nazarí, donde se combinaba la administración diaria con celebraciones y actos de violencia. Se registraron seis asesinatos de emires entre sus muros. La supervisión de la administración y las decisiones políticas recaían en los funcionarios del Estado, desde visires hasta alcaides, cadíes y secretarios, bajo la dirección del hayib o gran visir.

Destacaron tres personalidades del siglo XIV al frente del Diwan al-Insha: Ibn al-Yayyab, Ibn al-Jatib e Ibn Zamrak, quienes supervisaron las obras de la Alhambra y otras inscripciones en la dinastía reinante. Tras la persecución de Ibn al-Jatib y su posterior muerte en 1375, su discípulo Ibn Zamrak asumió un papel importante hasta su asesinato. Además del sultán y sus ministros, la aristocracia granadina también tuvo un papel relevante en la política, con linajes como Banu Kumasa, Banu Mufarriy, Banu Bannigas, Banu Abd al-Barr, Banu l-Amin y Banu l-Sarray, ocupando cargos importantes y participando en delegaciones diplomáticas con Castilla.

Los Banu l-Sarray fueron grandes rivales de los Abencerrajes en las crónicas castellanas. Los Abencerrajes estuvieron involucrados en varios eventos de entronización y derrocamiento de reyes, en una mezcla de realidad y leyenda.

AÑOS DE CONJURAS Y REVUELTAS

En el siglo XV, la población de Granada se dividió en diferentes facciones que apoyaban a distintos aspirantes al trono de la Alhambra. Los extranjeros residentes en el reino informaban sobre esta inestabilidad interna. Por ejemplo, el mercader florentino Luca di Masso describía las disputas entre Muhammad VIII el Pequeño y Muhammad IX el Zurdo en 1430, cuando el primero fue asediado por el segundo en la Alhambra.

shutterstockshutterstock

shutterstock

Sala de las dos hermanas, en el palacio de los Leones. La bóveda está realizada con mocárabes en estuco y la profusa decoración de la sala acusa influencias del gótico.

shutterstock

En períodos de estabilidad institucional, los emires buscaban el apoyo del pueblo granadino con grandes ceremonias públicas. Por ejemplo, Muley Hacén ofrecía alardes para demostrar su fuerza militar, como una revista celebrada en 1477 que atrajo a la población de Granada a la Assabica y los alrededores del Alhambra.

La lucha entre los emires se reflejaba en la población, manipulada en una batalla por controlar la información política y ganar partidarios afines. Esto se vio en la década de 1480, en el conflicto entre Boabdil y Muhammad el Zagal, donde ambos contaban con el respaldo de diferentes sectores de la población.

shutterstockshutterstock

shutterstock

Junto a la Alhambra los reyes nizaríes construyeron el palacio y jardines del Generalife (arriba) en el siglo XIII.

shutterstock

Además de la élite y la nobleza, otros sectores como las cofradías místicas, los alfaquíes y los ulemas participaban activamente en la política. En el siglo XV, estos grupos ejercían influencia en los asuntos de Estado, como se vio en la revuelta liderada por Yusuf al-Mudayyan en 1426.

EL ISLAM Y LA VIDA DIARIA

La mayoría de la población de Granada, el pueblo llano, vivía en la medina, los arrabales y las alcazabas. Los sultanes como Yusuf I y Muhammad V fundaron instituciones como la madraza y el Maristán, que marcaban la vida civil y religiosa de la ciudad.

shutterstockshutterstock

shutterstock

Junto a la Sala de las Dos Hermanas se construyó a mediados del siglo XIV el magnífico Mirador de Daraxa, cuyos arabescos son de los más bellos del palacio.

shutterstock

Los gobernantes nazaríes se preocuparon por regular la estructura urbana de Granada, marcando los ejes de la vida civil y religiosa en torno a instituciones como la mezquita aljama, la madraza y el Maristán, además de las murallas y puertas que comunicaban los diferentes espacios urbanos.

A pesar de los conflictos políticos, la población granadina continuó su vida cotidiana siguiendo las normas islámicas. La escuela malikí regulaba varios aspectos de la vida urbana, como la privacidad, los conflictos entre vecinos, las edificaciones, el uso de aguas, y la adquisición de propiedades inmobiliarias, que eran esenciales en la vida social y económica de la ciudad y su entorno.

Las propiedades más valiosas estaban en manos de las grandes familias de la aristocracia granadina, aunque la propia dinastía nazarí poseía numerosas alquerías (conjuntos de casas de labor), huertas reales, almunias (fincas de recreo y labranza), terrenos, salinas, tiendas e inmuebles urbanos. Muchas estaban en manos de mujeres de la familia real o emparentadas por matrimonio con los nazaríes, como en el caso de Zahr al-Riyad, esposa del emir Muhammad IX el Zurdo. La edificación de baños, mezquitas, hornos, acequias, puentes y otros servicios de uso público se debía en la mayoría de los casos al mecenazgo de ciudadanos particulares, algunos pertenecientes a los linajes más prestigiosos de Granada, mediante la institución de bienes o rentas habices, los awqaf o fundaciones pías islámicas que estipulaban el uso y mantenimiento de estas infraestructuras de interés público.

Económicamente, Granada contaba con importantes recursos que le permitían competir con las ciudades más pujantes del reino nazarí, como Málaga y Almería. Durante el período nazarí la agricultura y la ganadería alcanzaron un notable desarrollo en los territorios del contorno. La orografía del reino, con sus valles profundos y relieves montañosos, proporcionaba abrigo frente a incursiones enemigas y permitió aprovechar la abundancia de agua y las avanzadas técnicas agrícolas para obtener productos de gran valor, entre ellos el azúcar, la seda y los frutos secos. Al mismo tiempo, existía una importante actividad manufacturera. Toda esta producción estaba orientada tanto al mercado de Granada y del exigente mundo alhambreño como al comercio exterior, a través de mercaderes propios y extranjeros.

El comercio de seda, objetos preciosos y manufacturas de alto valor se controlaba a través de la alcaicería, una institución que desempeñaba la doble función de almacén y mercado de lujo. Los reyes nazaríes obtenían pingües beneficios de la fiscalización de sus actividades. También existieron alhóndigas o fondas (al-funduq), al estilo de los caravasares orientales, que servían para almacenar las mercancías y alojar a los mercaderes foráneos; conocemos al menos las del Corral del Carbón y la Corrala de Santiago.

Esta actividad comercial explica la presencia en Granada y en otras ciudades nazaríes de numerosos comerciantes extranjeros, y más en particular cristianos. Estos cónsules y comerciantes se agrupaban en comunidades según su lugar de origen o nacionalidad; entre ellos destacaban los castellanos, los de los diversos reinos de la Corona de Aragón y los italianos, sobre todo genoveses y florentinos. Existía una alhóndiga de los genoveses que regulaba las transacciones comerciales de este importante colectivo. Los cónsules venidos de Génova y los representantes de la comunidad asentada en Granada y en otras ciudades estaban muy conectados con las altas instancias del Estado nazarí y eran asiduos de la Alhambra. Unos de los que más brillaron fueron los Spinola, familia que en el siglo XVI tendría gran protagonismo en la política de la monarquía española. Los comerciantes extranjeros también se vieron envueltos en la política nazarí a causa de los intereses económicos que despertaban, y sufrieron a menudo las consecuencias de las disputas en las altas esferas del poder.

Granada y la Alhambra se convirtieron también en meca de viajeros, sabios y expatriados musulmanes. Entre los visitantes extranjeros se encontraron prestigiosos personajes de la política y la cultura islámica de la época, como Ibn Marzuq, de Tremecén, gran hombre al servicio de varios emires, el sabio tunecino Ibn Jaldún o el gran viajero del siglo XIV, Ibn Battuta, que en su célebre Rihla, el libro en el que relataba su viaje por el mundo conocido por entonces, se extasió ante Granada, «la novia de al-Andalus».

La inteligencia artificial (IA) está revolucionando la forma en que interactuamos con la tecnología en la actualidad. Con avances significativos en áreas como el procesamiento del lenguaje natural, la visión por computadora y el aprendizaje automático, la IA se ha convertido en una herramienta poderosa para mejorar la eficiencia y la precisión en una variedad de industrias.

En el ámbito de la atención médica, la IA se utiliza para diagnosticar enfermedades, analizar imágenes médicas y personalizar tratamientos para los pacientes. En el sector financiero, se emplea para detectar fraudes, predecir tendencias del mercado y automatizar procesos de inversión. En la industria del transporte, la IA se utiliza para optimizar rutas, mejorar la seguridad vial y desarrollar vehículos autónomos.

A pesar de los avances y beneficios de la IA, también existen preocupaciones sobre su impacto en el empleo, la privacidad y la seguridad de los datos. Es crucial que se establezcan regulaciones y se promueva una discusión ética sobre el uso de la IA para garantizar que se utilice de manera responsable y beneficiosa para la sociedad en su conjunto.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, anunció el jueves que su país está en camino de alcanzar la meta de vacunar al 70% de los adultos para el 4 de julio. Esta noticia llega en un momento en que la administración de Biden ha estado trabajando arduamente para impulsar la vacunación contra el COVID-19 en todo el país.

Biden afirmó que el progreso en la campaña de vacunación es resultado de los esfuerzos de su administración y de la colaboración con los gobiernos estatales y locales. También destacó la importancia de seguir vacunando a las personas más jóvenes y a las comunidades minoritarias que aún no han recibido la vacuna.

El presidente instó a todos los estadounidenses a vacunarse lo antes posible para protegerse a sí mismos y a sus seres queridos. También recordó la importancia de seguir cumpliendo con las medidas de prevención, como el uso de mascarillas en lugares públicos y el distanciamiento social, hasta que se alcance la inmunidad colectiva.

Biden se mostró optimista sobre el futuro y destacó que Estados Unidos está en el buen camino para superar la pandemia. Sin embargo, también advirtió que es crucial no bajar la guardia y seguir trabajando juntos para combatir el virus y proteger la salud de todos los ciudadanos.

Share This Article