Flavio Claudio Juliano, conocido como «Juliano el Apóstata», fue emperador de Roma entre los años 361 y 363. Durante su reinado, intentó revertir el estatus del cristianismo que había sido legalizado por el emperador Constantino el Grande, promoviendo el culto a los dioses tradicionales romanos.
Juliano no persiguió ni prohibió el culto cristiano, pero sí trató de marginarlo de la esfera pública y limitar las funciones de sus seguidores. Consideraba que otorgar privilegios al cristianismo había sido un grave error, ya que los obispos estaban adquiriendo demasiado poder. Además, su formación neoplatónica lo llevaba a sentirse más cercano a la espiritualidad clásica que los cristianos consideraban blasfema.
A pesar de haber sido bautizado, al convertirse en emperador Juliano anunció públicamente su rechazo al cristianismo, lo que lo convirtió en un apóstata. Durante su mandato, promovió la libertad de culto, reabrió templos y restauró los sacrificios en honor a los dioses tradicionales.
Sin embargo, su decisión de suprimir los privilegios civiles y fiscales de los clérigos cristianos fue lo que generó un profundo rechazo por parte de esta comunidad. Tras su muerte prematura en una campaña contra los persas, los cristianos lo consideraron un castigo divino por su apostasía. Sus sucesores restablecieron el estatus del cristianismo y no siguieron los pasos de Juliano.