Hace más de 600 años ocurrió el sacrificio de 64 niños a los dioses de la antigua Chichén Itzá en Yucatán, México. El análisis paleogenético de sus huesos revela valiosa información sobre la cultura maya, según un estudio publicado en Nature.
En 1517, Francisco Hernández de Córdoba descubrió la península de Yucatán habitada por los mayas. Su cultura incluía rituales incomprensibles para los europeos, como los sacrificios en Chichén Itzá.
A la sombra del dios Serpiente
Destaca la ciudad sagrada de Chichén Itzá, construida entre los años 800 y 1100, con el templo de Kukulkán y el cenote sagrado donde se hallaron restos de más de 200 individuos, la mayoría niños sacrificados.

El estudio de los 64 sacrificados aporta información sobre la mitología maya, sus vínculos genéticos, dieta y origen, así como las consecuencias del contacto con los europeos.
Otro aspecto relevante son los análisis paleogenómicos que revelan que los sacrificados eran todos varones, incluyendo gemelos emparentados. Este hallazgo confirma la preferencia maya por sacrificar varones y la selección ritual de familias biológicamente relacionadas.
Los gemelos eran importantes en la cultura maya, como se narra en el Popol Vuh, donde dos gemelos realizan un viaje al inframundo. El cenote sagrado de Chichén Itzá podría representar este lugar subterráneo.

Los sacrificados se alimentaban principalmente de maíz y animales terrestres y acuáticos. Se determinó que procedían de comunidades cercanas y que los niños emparentados eran criados en una red familiar.
Continuidad genética hasta nuestros días
A pesar de los cambios culturales y demográficos, se ha demostrado una continuidad genética entre los antiguos y actuales mayas. No obstante, se observan genes europeos y africanos en la población actual, producto del mestizaje asimétrico.
Además, se observan selecciones genéticas en la población maya actual relacionadas con la fertilidad y el sistema inmune, como respuesta a las hambrunas y epidemias relacionadas con el contacto con los europeos.
En resumen, este estudio muestra cómo las técnicas de investigación antropológica no solo revelan la biología de poblaciones pasadas, sino que también ayudan a comprender y reinterpretar su cultura.
Antonio González-Martín, Profesor Antropología Física, Universidad Complutense de Madrid y Alicia Portela Estévez, Doctoranda en Antropología Física , Universidad Complutense de Madrid
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.