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En la necrópolis de La Robine, situada en la ciudad francesa de Narbona, los arqueólogos acaban de descubrir algunas de las prácticas funerarias que aquí se llevaron a cabo durante el Alto Imperio romano. El cementerio se encuentra en un notable estado de conservación, y los trabajos de excavación llevados a cabo por arqueólogos del Instituto Nacional de Investigaciones Arqueológicas Preventivas (INRAP) empezaron en 2017, antes de que se emprendieran en el lugar unas obras de construcción de una zona residencial.
Los arqueólogos descubrieron en La Robine 1.430 tumbas datadas principalmente a finales del siglo I a.C. hasta principios del siglo III d.C. La gran diversidad de estructuras funerarias indica que allí hubo una gran variedad de prácticas funerarias. La más abundante es la cremación, pero también se ha documentado la inhumación, un método usado principalmente en enterramientos infantiles (de los cuales se han documentado cien en La Robine) y por las clases menos pudientes, que inhumaban a sus seres queridos en ataúdes de madera como una alternativa menos costosa.
Según han manifestado fuentes del INRAP en un comunicado, este ha sido «un descubrimiento de excepcional importancia y un lugar de referencia para el estudio de las prácticas funerarias de la antigua Roma en la Galia».
Celebraciones funerarias
Algunas de las tumbas estaban cubiertas con restos de alimentos carbonizados que incluían dátiles, higos, cereales y pan. Los arqueólogos especulan con que esta comida habría sido consumida durante las celebraciones de las familias en memoria de los fallecidos.
Estos banquetes funerarios pudieron haber formado parte de un festival fúnebre de nueve días de duración conocido como Parentalia, que las familias celebraban cada mes de febrero y que concluía el día 21 con un festival llamado Feralia, cuando los familiares del difunto se reunían en el cementerio con comida, vino y otras ofrendas para los manes (espíritus romanos de los muertos).
Algunas tumbas estaban cubiertas de restos de alimentos carbonizados que incluían dátiles, higos, cereales y pan. Los arqueólogos creen que esta comida pudo haber sido consumida durante las celebraciones.

Copa de cerámica decorada con esqueletos descubierta en la necrópolis romana de La Robine.
Copa de cerámica decorada con esqueletos descubierta en la necrópolis romana de La Robine.
Denis Gliksman (INRAP)

Amuletos funerarios en forma de falo encontrados junto a los enterramientos.
Amuletos funerarios en forma de falo encontrados junto a los enterramientos.
Denis Gliksman (INRAP)
Uno de los aspectos más interesantes que han destacado los arqueólogos es el descubrimiento en el cementerio de unas estructuras de mampostería llamadas triclinia, en las que se colocaban almohadas y donde los comensales se recostaban para comer. También se han encontrado unos tubos de libación (tubos de cerámica huecos insertados en el suelo, sobre las tumbas) a través de los cuales, durante las Feralia, los familiares compartían con los difuntos, de manera simbólica, alimentos y bebida, vertiéndolos al interior de las tumbas en forma de libación.
Asimismo, junto a las sepulturas, los arqueólogos también han localizado restos de vasijas, copas, balsamarios y lamparillas, lo que sugiere que esta necrópolis fue el escenario de numerosos rituales funerarios. A finales del siglo I, el aumento de los enterramientos obligó a los responsables a ampliar la necrópolis con nuevos recintos de mampostería, que, al igual que los anteriores, se decoraron con placas de mármol y epitafios, que han proporcionado valiosa información sobre los individuos allí enterrados, muchos de ellos libertos.
