En el norteste de Grecia se encuentra un lugar habitado solo por monjes: se trata del Monte Athos, un territorio autónomo que, si bien forma parte del país heleno, tiene un estatus especial y unas leyes propias que le permiten denegar la entrada a las mujeres y a cualquier animal de sexo femenino, una regla que se ha roto en poquísimas ocasiones.
La historia del Monte Athos
La comunidad monástica del Monte Athos fue fundada en el año 963, cuando el territorio formaba parte del Imperio Bizantino. La religión practicada en aquel entonces era el cristianismo ortodoxo, por lo que los monjes que viven allí pertenecen a esta rama. Cuando Grecia fue conquistada por el Imperio Otomano se permitió que los monasterios cristianos siguieran funcionando, aunque con impuestos especiales.
En 1924, se concedió a este territorio un estatus especial de autogobierno, bajo un estatuto conocido como “Fueros de la montaña sagrada de Athos”. Al contrario de lo que suele suceder con las legislaciones, cuya jerarquía va de arriba abajo, dicho estatuto tiene prioridad sobre las leyes nacionales y europeas. A nivel eclesiástico, depende únicamente del Patriarca de Constantinopla. También esta exento de pagar impuestos de cualquier tipo al estado griego.
En total hay 20 monasterios en el Monte Athos, además de 12 sketae (comunidades de ermitaños), un pueblo que sirve como sede admistrativa y un pequeño puerto. En cualquiera de estos lugares solo pueden vivir de forma permanente monjes ortodoxos, aunque se permite la entrada de turistas… pero bajo ciertas condiciones.
Ni mujeres, ni hembras, ni catalanes
La única manera de entrar al Monte Athos es obteniendo un permiso especial en la ciudad de Tesalónica. Se permite la entrada de 120 visitantes por día, pero con normas muy estrictas. La primera de ellas es la religión: solo pueden entrar cristianos ortodoxos o católicos, y estos últimos limitados a un máximo de 10 por día.
Estos visitantes, además, tienen que cumplir una condición: ser de sexo masculino. Las mujeres tienen prohibida la entrada. Esto se debe, aparentemente, a que los monjes quieren evitar cualquier tipo de tentación carnal. La norma se ha roto en poquísimas ocasiones: solamente cuando ha habido guerras, para acoger a refugiados. Tan en serio se la toman, que ni siquiera permiten la entrada de ningún animal hembra: la única excepción son las gallinas ponedoras que tienen para abastecerse de huevos.
Hasta el año 2005, además, había una segunda restricción: no dejaban entrar bajo ningún concepto a catalanes. El motivo de este veto se remonta al año 1305, cuando mercenarios de la Corona de Aragón saquearon el Monte Athos como respuesta al asesinato de Roger de Flor, caudillo de la Gran Compañía Catalana, un episodio que se conoce como “la Venganza Catalana”. Curiosamente no se impedía la entrada a aragoneses ni a valencianos, que también formaban parte de aquella compañía.
Además, aunque está conectado por tierra a la península Calcídica, solo se puede entrar legalmente tomando un barco desde los pueblos griegos de Uranópolis o Ierissos: hay que cruzar un puesto fronterizo al entrar en territorio del Monte Athos.