La primera vez que nuestros ancestros contemplaron el fuego debió de ser una experiencia inolvidable. Este momento estelar pudo haber ocurrido durante un incendio forestal causado por un rayo, iluminando la noche y despertando el terror y la maravilla.
Aunque no sabemos con certeza qué especie de homínido comenzó a controlar las llamas, se cree que Homo erectus fue el primero en hacerlo de forma progresiva en el Paleolítico y Neolítico. Sin embargo, pasarían cientos de miles de años antes de que el fuego se convirtiera en parte de la vida cotidiana de los homínidos.
Los registros indican que la socialización del fuego comenzó hace unos 400.000 años. A partir de entonces, la construcción de hogueras se extendió por todas las áreas del planeta habitadas por Homo, marcando el inicio del Paleolítico con fuego.
Es probable que el control primitivo de las llamas haya comenzado vigilando los fuegos accidentales hasta que se aprendió a reproducirlos de forma voluntaria.
El fuego tuvo un impacto monumental en la evolución biológica de la humanidad. Brillat-Savarin, autor del primer tratado de gastronomía, afirmó que una vez descubierto el fuego, los humanos comenzaron a acercar los alimentos a él para secarlos y cocinarlos.
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El fuego revolucionó la cocina al revelar que las técnicas de cocción alteran las propiedades físicas y químicas de los alimentos. La técnica de asar fue fundamental durante el Paleolítico con fuego, dejando evidencias en yacimientos como el Abric Romaní en Barcelona y el Abri Pataud en Francia.
Asar requiere controlar tiempos de exposición e intensidad del fuego, lo que convirtió la cocina en una actividad más exigente y social. Además, dio origen a otras técnicas como quemar, tostar, brasear y cocinar con cenizas o piedras.
Los neandertales y sapiens también hervían alimentos utilizando recursos naturales como piel, madera o agujeros en el suelo. Sumergir piedras calentadas en agua permitía hervir alimentos de forma casi instantánea.
La técnica de hervir complementó la de asar al aumentar la variedad de alimentos consumibles y mejorar la digestibilidad de algunos productos. El fuego transformó la forma de alimentarse, el tiempo necesario para cocinar y los espacios dedicados a la preparación y consumo de alimentos.
El control del fuego fue el inicio de un proceso culinario que involucró a toda la familia, creando un entorno de intensa actividad alrededor de las llamas. Con el paso del Paleolítico Superior, se comenzó a definir roles en la cocina, dando paso a una evolución continua en el arte de comer.
La cocina es una de las artes más antiguas, que requiere una combinación de habilidades y conocimientos. Desde el Paleolítico hasta la actualidad, la evolución culinaria sigue su curso sin un final definitivo.