Este jueves se conmemoran 80 años de la batalla de Normandía, un asalto anfibio que cambió el rumbo de la Segunda Guerra Mundial; pero, ¿qué otros desembarcos han tenido un impacto duradero en la historia? Descubrámoslo.
En primera instancia, encontramos la invasión persa del año 490 a.C., que resultó en el desembarco del ejército de Darío I en la llanura de Maratón con el objetivo de conquistar las emergentes polis griegas. Atenas y plateos acudieron al lugar y se libró una intensa batalla en la llanura que separaba a ambos ejércitos. Afortunadamente, los hoplitas griegos prevalecieron, y las fuerzas del autócrata persa fueron rechazadas más allá del Egeo, asegurando así la continuidad de la democracia hasta nuestros días.
A pesar de esta primera victoria, el enfrentamiento entre ambas civilizaciones no se resolvería hasta las campañas de Alejandro Magno, quien en el 334 a.C. cruzó el Helesponto de Europa a Asia y en apenas una década conquistó el Imperio Persa. Sus hazañas dieron paso a un nuevo orden mundial en el que personas e ideas circulaban libremente, rompiendo las barreras del pasado en una fusión de culturas e ideologías.
Al otro lado del Mediterráneo, en el año 264 a.C., las legiones romanas cruzaron el estrecho de Mesina para enfrentarse a Cartago. Este conflicto marcaría el inicio de la gran República, que se convertiría en la potencia dominante que conquistaría la mayor parte del mundo conocido.
Tres siglos más tarde, durante el reinado de Claudio, Roma desembarcó en Britania, alterando para siempre el destino de Gran Bretaña, cuya región más romanizada se convertiría en la potencia mundial conocida como el futuro Imperio Británico.
Tras la caída de Roma, Europa se dividió en múltiples reinos bárbaros durante la Edad Media, los cuales también fueron protagonistas de importantes desembarcos anfibios.
En la península ibérica, el más significativo fue sin duda la travesía del estrecho por parte de los árabes en el año 711, lo que condujo a siete siglos de presencia musulmana en la península. Mientras que en el norte de Europa, los vikingos comenzaron a desembarcar en las costas británicas y francesas tras la incursión marítima contra el monasterio de Lindisfarne en el año 793.
Como resultado, Inglaterra se convirtió en un campo de batalla entre sajones y nórdicos durante siglos, hasta que en 1066 Guillermo de Normandía, descendiente del vikingo Rollo, cruzó el canal de la Mancha y, tras desembarcar en Pevensey, se proclamó rey de Inglaterra y Gales al derrotar a los sajones en Hastings.
Mientras tanto, en el este de Europa, las cruzadas a Tierra Santa comenzaron con el desembarco de los europeos en Asia en 1097, dando inicio a una feroz guerra entre cristianos y musulmanes por el control de Oriente Próximo. Aunque inicialmente los turcos estuvieron en desventaja, lograron prevalecer hasta conquistar el Imperio Bizantino en 1453.
Sin embargo, cuarenta años después, ocurrió un evento que cambiaría el mundo para siempre, cuando Colón descubrió el continente americano al desembarcar en las Bahamas. Este nuevo continente permitió a las potencias europeas expandirse por vastas tierras ricas en recursos, alterando el equilibrio del poder mundial a favor de Occidente. Este proceso se inició con desembarcos emblemáticos como el de Hernán Cortés en San Juan de Ulúa previo a la conquista de México o el establecimiento de la primera colonia inglesa en Jamestown.
En los siglos siguientes, los europeos conquistaron más y más territorios hasta dominar prácticamente todo el mundo. Un claro ejemplo de las repercusiones de esto se vio en 1853, cuando el comodoro Perry desembarcó en la bahía de Tokio y forzó la apertura de Japón feudal al comercio. Esta acción llevó a la caída del shogunato y a la modernización del país bajo el emperador Meiji, convirtiéndolo en una potencia colonial que se apoderó de Corea y parte de Rusia.
En el siglo XX, el desembarco destacado fue el del cuerpo expedicionario estadounidense en Francia durante la Primera Guerra Mundial, aportando cuatro millones de soldados que contribuyeron a la victoria de los aliados y establecieron a los Estados Unidos como la principal potencia mundial frente a una Europa devastada.
Antes de la Segunda Guerra Mundial, en España tuvo lugar una guerra civil en la que el cruce del estrecho por parte de las fuerzas nacionales en Algeciras, burlando el bloqueo republicano en operaciones como el convoy de la victoria, resultó crucial. Este paso permitió a Franco ganar la guerra y establecer un régimen que moldearía la vida en España hasta su fallecimiento en 1975.
Existen numerosos desembarcos destacados durante la Segunda Guerra Mundial, pero sin duda los más significativos son los de Guadalcanal (1942), Iwo Jima (1945) y Normandía (1944). Normandía, llevado a cabo dos meses después de la crucial victoria estadounidense en Midway, marcó el comienzo del contraataque en el Pacífico: una serie de asaltos anfibios que resultaron en la captura de Okinawa y los bombardeos nucleares en Hiroshima y Nagasaki. Por otro lado, Normandía significó el fin del dominio nazi en Francia y el colapso de Alemania entre los aliados y los soviéticos.
A pesar de que se produjeron numerosos asaltos anfibios durante la Guerra Fría, estos tuvieron poca relevancia debido a la crisis interna de la URSS que definió el conflicto. Hoy en día, los movimientos de tropas tienden a realizarse por vía aérea, lo que significa que los grandes desembarcos son cosa del pasado, limitándose estos eventos a operaciones a pequeña escala.
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