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Según cuenta el cronista Teófanes el Confesor, el invierno del año 763-764 fue uno de los más fríos que se recordaban en Constantinopla, la capital del Imperio Bizantino. Grandes heladas asolaron amplias zonas del mar Negro, e incluso se documentó la aparición de icebergs en el Bósforo.
Ahora, un estudio interdisciplinar realizado por investigadores de la Universidad de Berna, en Suiza, y que cuenta con la participación de la Academia Austríaca de Ciencias (ÖAW), ha demostrado que este período de frío extremo que se produjo a principios de la Edad Media fue provocado por violentas erupciones volcánicas que tuvieron lugar en Islandia.
Hasta ahora, el estudio de la influencia de las erupciones volcánicas en el clima mundial en el período comprendido entre los años 700 y 1000 d.C. se basaba en el supuesto de una fase de inactividad volcánica. Sin embargo, el estudio publicado en la revista Communications Earth and Environment contradice esta hipótesis tras haber descubierto altas concentraciones de sulfato en núcleos de hielo procedentes de Groenlandia.
Crisis medioambiental
El nuevo estudio utiliza análisis de la criptotefra (restos de ceniza volcánica invisibles a simple vista), análisis isotópicos de azufre de alta resolución y otros indicadores químicos de erupciones volcánicas, procedentes de numerosos núcleos de hielo de Groenlandia, para determinar la actividad volcánica y la concentración de aerosoles de azufre que hubieran sido relevantes para el clima durante esos años.
El nuevo estudio utiliza análisis de la criptotefra, análisis isotópicos de azufre de alta resolución y otros indicadores químicos de erupciones volcánicas.

Recreación de las anomalías producidas por los volcanes islandeses en el continente europeo entre los años 762 y 764.
Recreación de las anomalías producidas por los volcanes islandeses en el continente europeo entre los años 762 y 764.
Imogen Gabriel et al.
Los investigadores han llegado a la conclusión de que el resultado fue un episodio prolongado de emisiones de dióxido de azufre entre los años 751 y 940 provocadas por las erupciones volcánicas de Islandia. «Hasta ahora, las erupciones volcánicas se habían interpretado como un forzamiento climático aleatorio de corta duración, efectivo durante un máximo de 1 a 3 años», explican los principales autores del estudio, Imogen Gabriel y Michael Sigl.
Heladas mortales
El estudio denomina a estas erupciones volcánicas ocurridas a principios de la Edad Media «Período Activo Islandés». Este habría empezado con las erupciones del volcán Katla entre los años 751 y 763, algunas de las cuales alcanzaron la estratosfera y coincidieron con un fuerte enfriamiento invernal en toda Europa.
Estos períodos fríos se han reconstruido a partir de datos isotópicos obtenidos en las conocidas como «cuevas de piedra de goteo», grutas en las que se forman estalagmitas, como la cueva Spannagel, en los Alpes de Zillertal (en la frontera entre Austria e Italia), y por las fuentes históricas que abarcan desde Irlanda hasta el Mediterráneo.
El estudio denomina «Período Activo Islandés» a estas erupciones volcánicas ocurridas a principios de la Edad Media.

Imagen del volcán Katla, en Islandia, el cual entró en erupción entre los años 751 y 763.
Imagen del volcán Katla, en Islandia, el cual entró en erupción entre los años 751 y 763.
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«Las fuentes históricas no solo describen que hacía mucho frío, sino también que las temperaturas extremas provocaron la muerte de animales y la congelación de los cultivos. La gente no solamente sufría penurias inmediatas, sino que también se veía profundamente sacudida a muchos niveles», explica Johannes Preiser-Kapeller, investigador del Instituto de Estudios Medievales de la Academia Austríaca de Ciencias y otro de los autores del estudio.
Y es que todas estas anomalías climáticas coincidieron con una época de numerosos conflictos sociales y religiosos en el Imperio bizantino, como fue la crisis de las imágenes religiosas, o iconoclasia, un momento en que hubo agrias discusiones sobre cómo adorar correctamente a Dios. Según Preiser-Kapeller, esta crisis climática pudo ser interpretada como un castigo divino.
