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Abel G.M.
Periodista especializado en historia, paleontología y mascotas
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Mansa Musa, emperador de Mali en el siglo XIV, es considerado el hombre más rico de la historia. Por supuesto, esta definición es subjetiva y lo considera en relación al resto de personas de su tiempo. Se ha estimado que la riqueza que poseía, para los estándares de su época, correspondería en la actualidad a unos 400.000 millones de dólares.
Pero la clave de este título es que Mansa Musa podría haber dispuesto, en teoría, de toda la riqueza que quisiera, ya que su imperio abarcaba tres de los mayores yacimientos de oro de África. De haber dispuesto del tiempo y los trabajadores para extraerlos, contaba con mayores riquezas que cualquier otro gobernante de la época.
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Una evidencia de hasta qué punto era rico es la peregrinación a la Meca que realizó en 1324: su comitiva estaba formada por 60.000 acompañantes y 12.000 esclavos, todos vestidos con seda; y entre 80 y 100 camellos, cada uno cargado con más de 130 kilos de oro. En el camino no cesaba de repartir limosnas entre los pobres como si fuesen caramelos y, al llegar al Cairo, distribuyó tanto oro entre la población que provocó una inflación que duró más de una década.
Mansa Musa se sirvió de su riqueza para hacer crecer su prestigio y el de su imperio, y así atraer a comerciantes de tierras lejanas con productos exóticos. También fundó madrazas que convirtieron a Mali en uno de los mayores centros intelectuales del mundo islámico medieval, especialmente la famosa ciudad de Tombuctú.
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