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Abel G.M.
Periodista especializado en historia, paleontología y mascotas
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Un truco general para distinguir una estatua romana de una griega es fijarse en la cantidad de ropa que llevan: si el personaje está desnudo probablemente sea una escultura griega, mientras que si va vestido seguramente será romana.
Los romanos eran muy pudorosos en el vestir y esta regla se aplicaba también a las estatuas, que eran consideradas indecentes si se mostraban desnudas y, especialmente, si los genitales estaban a la vista. Pero nadie llevó esta fobia tan lejos como los habitantes de Afrodisias, una ciudad de origen griego situada en la actual Turquía. Cuando la ciudad cayó bajo dominio romano, nuevos habitantes llegaron y cambiaron las costumbres.
Entre otras cosas, se propusieron corregir la moral helenística, que consideraban muy permisiva y distentida. Para ello se entretuvieron en una curiosa labor: “castrar” las estatuas y relieves griegos. Cincel en mano, se dedicaron sistemáticamente a eliminar los atributos masculinos de las imágenes. En algunos casos, en lugar de destruirlos, esculpían nuevos relieves que tapaban los genitales.
Este caso es conocido por los documentos encontrados en la ciudad, pero esta práctica seguramente se repitió en todo el territorio romano de cultura helenística: así, muchas estatuas que hoy conservamos “dañadas” posiblemente fueron mutiladas a propósito para ajustarse a la moral de los nuevos llegados.
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