El Moulin Rouge es uno de los edificios más icónicos de París. Incluso quien nunca haya visitado la capital francesa puede imaginar la peculiar estética de este edificio, construido en 1889 y fundamental en la popularización del concepto cabaret durante la Belle Époque.
Sin embargo, esta fachada emblemática, con un gran molino rojo, ha perdido su característica distintiva: durante la noche del 24 al 25 de abril, las aspas del edificio se han derrumbado, causando daños a otras partes como las letras del nombre del establecimiento.
El incidente, que no causó heridos, ocurrió pasadas las 2:00 horas, después del último espectáculo de la noche que había sido presenciado por más de 800 personas, según Franceinfo. Aún se desconocen las razones del colapso, pero la empresa ha negado que haya sido intencional.
A pesar de la pérdida de un elemento clave del atractivo del establecimiento -que también generaba una gran afluencia turística-, se ha confirmado que no hay riesgo de derrumbe, por lo que los espectáculos de cabaré seguirán como de costumbre.
El epicentro de la vida nocturna parisina en la Belle Époque
Caminar desde el Boulevard de Clichy hasta la basílica del Sacré-Coeur no solo representa un gran ejercicio físico. También es un viaje al pasado: específicamente, al París de la Belle Époque, un período entre 1870 y 1914 caracterizado por un sentimiento general de euforia, alegría y confianza en el progreso.
No es sorprendente que, en este escenario, surgieran numerosos lugares de entretenimiento. La gente quería celebrar, como lo evidencian las obras de arte de Henri Toulouse-Lautrec, considerado el gran pintor de la Belle Époque parisina. Muchas de estas obras estaban ambientadas en el cabaré que ahora ha perdido sus aspas.

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El Moulin Rouge antes de perder sus aspas.
Shutterstock Editorial
De esta forma, la fiesta y la animación, aunque comunes en cualquier contexto de la época, se concentraban principalmente en la colina de Montmartre, un barrio que hoy se encuentra en el 18ème arrondissement de París, donde la vida nocturna era más desenfrenada. Y en cierto modo, esta ubicación todavía conserva vestigios de lo que fue en su día.
Folies Pigalle, le Chat Noir, le Mirlinton… Estos locales, algunos de los cuales siguen en pie, pasaron a la historia por reflejar, a través de su estética excéntrica, luminosa y atrevida, la diversión que se vivió durante esos maravillosos años en la ciudad de las luces. Pero, sin duda, uno de ellos destaca como el más emblemático: el Moulin Rouge.
¿Por qué tiene una fachada de molino?
Antes de convertirse en el barrio de la fiesta por excelencia, la colina de Montmartre era predominantemente rural: estaba salpicada de molinos de viento donde se molía grano y maíz, así como materiales de construcción como piedras y yeso. A pesar de la atmósfera actual, era un lugar ideal para relajarse y escapar del bullicio de la ciudad.

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Postal del Moulin Rouge en 1905.
Cordon Press
No obstante, a medida que París se expandió debido al desarrollo industrial y económico, muchos establecimientos de entretenimiento se trasladaron o incluso se establecieron en esta colina, convirtiéndola en un entorno opuesto a la tranquilidad y lo campestre.
En este contexto, los fundadores del Moulin Rouge, Josep Oller y Charles Zidler, tuvieron la genial idea de darle a su local una estética inspirada en los molinos de viento que alguna vez poblaron el barrio. Su objetivo era llamar la atención de los posibles clientes, por lo que lo pintaron de rojo, un color que evocaba la pasión y que, con una buena iluminación, contrastaba perfectamente con la oscuridad de la noche.
Se puede decir que la estrategia fue un rotundo éxito: durante los primeros años después de su inauguración en 1889, actuaron afamadas bailarinas de cancán que atrajeron a un público tanto local como extranjero. Y esto, junto con el hecho de que en 1902 se construyó justo frente a su puerta la estación de metro Blanche, contribuyó a que las visitas al icónico establecimiento siguieran aumentando hasta el día de hoy.
Hoy en día, se estima que unas 600.000 personas acuden anualmente a presenciar alguno de sus espectáculos, y se espera que esta tendencia continúe a pesar de la pérdida de sus aspas. El Moulin Rouge se ha convertido en un testigo de los años más deslumbrantes de la capital francesa.
