El asma es una enfermedad crónica de las vías respiratorias, que se caracteriza por la obstrucción al paso del aire, causando dificultad para respirar, tos seca, sensación de opresión en el pecho y sibilancias. Según Susana Calaforra, especialista de Alergología del Hospital de Manises, las causas del asma pueden ser mecanismos alérgicos, inflamatorios por eosinófilos, de obstrucción o exposición a partículas en ciertas profesiones.
Esta experta señala que la incidencia y prevalencia de enfermedades alérgicas, como el asma, ha aumentado debido a factores ambientales como la contaminación, el cambio climático o la industrialización. La predisposición genética, la exposición a alérgenos y el estado inmune son determinantes en el desarrollo del asma a lo largo de la vida.
Las personas con mayor predisposición a desarrollar asma suelen ser hijos de padres alérgicos, con rasgos atópicos y expuestos a ambientes contaminados. La historia familiar de alergia, la exposición al humo de cigarrillo, la falta de lactancia materna, el sobrepeso en niños y la presencia de enfermedades alérgicas son factores de riesgo para el asma.
Para diagnosticar el asma, es necesario realizar una historia clínica detallada, pruebas cutáneas a alérgenos y análisis de sangre. La espirometría es la prueba más relevante, ya que evalúa la obstrucción bronquial y su reversibilidad mediante una prueba de broncodilatación. En caso de dudas, se puede recurrir a una prueba de broncoconstricción.
El tratamiento del asma se basa en el uso de medicación inhalada para controlar los síntomas, que puede contener broncodilatadores, corticoides o una combinación de ambos. También existen terapias específicas como la inmunoterapia y los tratamientos biológicos. Es fundamental el cumplimiento del tratamiento y un control ambiental para minimizar la exposición a alérgenos.