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El sitio arqueológico de Teotihuacán, ubicado en la zona central de México, contiene las ruinas de lo que un día fue una de las mayores ciudades del Mundo Antiguo y la capital del primer gran imperio mesoamericano. Allí se erigieron grandes pirámides, templos y otras impresionantes estructuras de piedra que llegaron a albergar hasta 125.000 habitantes, y que han fascinado a distintas culturas, desde los aztecas hasta las sociedades actuales.
Es por este mismo motivo que, durante más de 20 siglos, este lugar ha recibido multitud de visitas tanto por parte de habitantes locales como foráneos, que se han incrementado especialmente a partir de la masificación del turismo. Actualmente, más de un millón de viajeros recorren el yacimiento cada año para conocer de cerca estas misteriosas ruinas construidas entre los siglos VII y I a.C. a manos de una civilización desconocida.
No obstante, el esplendor de un sitio tan antiguo no es ajeno al paso del tiempo, y los materiales que componen sus majestuosas estructuras se ven poco a poco deteriorados debido a causas naturales y también aquellas causadas por el ser humano. Es el caso de monumentos como la Pirámide del Sol o también de la Pirámide de la Serpiente Emplumada, que enfrentan problemas como los daños provocados por factores meteorológicos, reconstrucciones de cuestionable calidad que se llevaron a cabo en el sitio en la década de 1900, o la expansión urbana alrededor del yacimiento que podrían haber malogrado material histórico. Por ejemplo, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles se construyó en una de sus áreas colindantes.

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Las comunidades colindantes al sitio arqueológico de Teotihuacán se han empobrecido y dependen en gran medida del turismo para sus economías.
Secretaría de Cultura de México
Los esfuerzos de conservación son, por tanto, realmente importantes para mantener viva una joya arqueológica como lo es Teotihuacán, una misión que necesitará más que el refuerzo de las grietas en sus piedras o la mejora de sus sistemas de drenaje: la zona, como tantos otros sitios del mundo, necesita un plan real para el turismo sostenible.
PLANES DE PROTECCIÓN
Ya en 2022, el World Monuments Watch tomó la decisión de incluir a la emblemática ciudad prehispánica de Teotihuacán al completo en su proyecto de conservación del patrimonio cultural, un plan que recauda fondos de procedencia internacional para contribuir al bienestar social en la región, que muchas veces pasa desapercibido porque las medidas aprobadas se centran en el funcionamiento del yacimiento arqueológico.
La clave está en proporcionar las herramientas de preservación adecuadas a las propias comunidades locales y darles el protagonismo que les corresponde en la toma de decisiones, pues son las primeras que reciben un impacto directo por el turismo o, por el contrario, la falta de este.
Se trata de un delicado equilibrio del que muchos dependen en un sentido socioeconómico, y que pone una inevitable presión sobre el yacimiento. Según un informe de ONU-Habitat, la población del Valle de Teotihuacán con algún nivel de pobreza aumentó alrededor del 50% entre 2010 y 2015, lo cual empuja a los habitantes de la zona a centrarse en las actividades y servicios referentes al consumo en el propio sitio arqueológico para beneficiarse del turismo masivo.
Este problema social se resuelve, en parte, diversificando la oferta laboral y enfocándola no solamente en el comercio y la oferta turística, sino también en la creación de organizaciones que velen por mantenimiento del Valle de Teotihuacán. En este sentido, la Secretaría de Cultura del Gobierno de México señala, entre algunas de las acciones que se llevarían a cabo, la posibilidad de mejorar los centros urbanos alrededor de Teotihuacán, construir un centro para atender y controlar a los animales callejeros que amenazan la fauna endémica, o sanear el río San Juan.
