El 2 de agosto del año 338 a.C. marcó una terrible derrota para los griegos en la llanura de Queronea frente a Macedonia. Licurgo el ateniense sentenció que «La libertad de los griegos yace en Queronea». A pesar de la victoria, el rey Filipo II de Macedonia mostró un gesto conciliador al enviar los cadáveres de los caídos a Atenas para su sepultura.
El joven príncipe Alejandro, hijo de Filipo, lideró la embajada fúnebre a Atenas a pesar de sus 18 años. La Liga de Corinto se formó para mantener la paz entre las ciudades-estado griegas y luchar contra Persia. La muerte de Filipo a manos de Pausanias cambió el rumbo de la historia.
Alejandro asumió el trono de Macedonia y se enfrentó a múltiples desafíos internos y externos. Con astucia y firmeza, logró someter a los rebeldes y mantener el control en Grecia. Luego, reactivó la campaña contra Persia y se preparó para la conquista.
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El asesinato de Filipo de Macedonia trunco´ sus planes de conquista de Persia, que llevo´ a cabo su hijo Alejandro. Sobre estas líneas, urna de oro hallada en la tumba de Filipo en Vergina.
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La astucia de Alejandro fue clave para aplacar las revueltas en Grecia y preparar su avance hacia Persia. A pesar de los rumores sobre su muerte, logró mantener el control y consolidar su poder en la región. La leyenda de Alejandro el Grande estaba por escribirse.
La historia de Alejandro incluyó la devastación de Tebas y la sumisión de las ciudades griegas. Con su poder militar, impuso su autoridad y aseguró la lealtad de los griegos. Su misión contra Persia estaba a punto de comenzar, y su legado perduraría en la historia.