Stefan Zweig, el autor judío-austríaco, está intrínsecamente ligado a su «idea de Europa». Esta noción combina la nostalgia por un mundo perdido con el anhelo de un sueño utópico por realizar, abriendo la experiencia y la memoria a lo utópico.
Estos aspectos de la Europa de Zweig cobran vida en su autobiografía «El mundo de ayer» (1942), donde se explora la importancia de Europa como clave para entender la vida, la obra y el legado espiritual del autor.
Nostalgia por lo que queda atrás
Zweig, el «gran europeo», enmarca su narrativa en un espacio identitario vinculado a las convulsiones de Europa. Tras huir a América por la persecución nazi, expresa su dolor por la pérdida de su patria, Europa.
El autor se esfuerza por recuperar la esencia de su idea de Europa a través de la memoria, inmortalizando la Viena de finales del siglo XIX e inicios del XX como una edad de oro de la humanidad.
Anclar la Europa de Zweig al pasado implica reducir su potencial. Su obra se revela como la historia de una utopía fallida, un proyecto ético-político de una Europa unida y sin fronteras.
El sueño europeo
En el proyecto europeo de Zweig encontramos un programa ético que insta a repensar nuestra responsabilidad con los espacios e instituciones que nos definen en común. Recuperar el sueño europeo implica una inmersión en el pasado como reflexión del presente.
Este proyecto humanista aboga por la tolerancia y el entendimiento mutuo en una Europa devastada por las guerras de religión, promoviendo la paz y el respeto a la diferencia.
En su obra, Zweig explora la idea de Europa como proyecto pacifista basado en la no violencia, enfocándose en la reconstrucción de la Torre de Babel como símbolo de la lucha contra la separación y la confrontación.
La Europa de Zweig es un llamado a la libertad y a la desintoxicación moral, representando un pensamiento cosmopolita y transnacional urgente en nuestra época de escepticismo y populismo.
Una voz a tener en cuenta
Las obras de Zweig, como «El mundo de ayer», son un testamento de su lucha contra el nacionalismo y a favor de la convivencia pacífica y la multiculturalidad.
Viendo la Europa de Zweig como un espacio de desintoxicación moral, se revela como un proyecto ético-político para una Europa unida y pacífica, alejada de las fronteras y divisiones.
El legado de Zweig nos invita a reflexionar sobre el significado de Europa y nuestro compromiso con su futuro, recordándonos la importancia de la libertad, la paz y la convivencia en un mundo cada vez más fragmentado.
La paz, el humanismo y la lucha contra el nacionalismo tóxico son los pilares de un programa ético-político que atraviesa la obra del autor.
Al leer las memorias de Zweig como una narrativa orientada hacia el futuro, vemos un testamento espiritual y una advertencia para las generaciones venideras, un viaje desde el mundo de ayer a la Europa del mañana. Esto aporta una voz relevante a nuestros debates sobre la identidad europea y nos ayuda a definir los espacios y valores que compartimos, recordándonos la importancia de la memoria para evitar caer en la tragedia de su pérdida.
David Fontanals, Profesor Asociado, Universitat de Barcelona
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

