La rabia es una enfermedad zoonótica viral que puede transmitirse a los humanos mediante el contacto con la saliva de un animal infectado, ya sea por una mordedura o por arañazos. Sin una intervención inmediata, el virus consigue desplazarse por los nervios hacia la médula espinal y el cerebro, donde genera neuroinflamación.
Dadas las complicaciones que acarrea en el sistema nervioso central, el desenlace casi siempre es la muerte. Uno de sus inconvenientes es que los síntomas iniciales son similares a los de la gripe, lo que dificulta la detección rápida.
Por eso, tan pronto como se produce la exposición a un animal con rabia, hay que intervenir.
¿Qué más debes saber al respecto? En el siguiente espacio te contamos en detalle cómo se da esta enfermedad en las personas, cuáles son sus principales manifestaciones clínicas, las opciones de tratamiento y qué hacer para prevenirla.
¿Cómo se transmite el virus de la rabia a los humanos?
El virus de la rabia, del género Lyssavirus, familia Rhabdoviridae, está presente en mamíferos domésticos y salvajes alrededor de todo el mundo. En humanos, aproximadamente el 99 % de los contagios se producen por el contacto con la saliva de perros infectados, casi siempre a través de mordeduras.
Sin embargo, otros animales, como los gatos, los coyotes, los mapaches, los zorrillos, los zorros, los monos, los caballos y las vacas también pueden portar el virus. En Estados Unidos, de hecho, hay más casos de contagio por murciélagos (Desmodus rotundus).
La transmisión del virus también es posible mediante un rasguño, siempre que las garras del animal hayan estado en contacto directo con su saliva. En raros casos, se propaga cuando el animal infectado lame una herida abierta en la piel de un humano o su saliva tiene contacto con las membranas mucosas (ojos, nariz y boca).
Con menos frecuencia, es posible la inhalación del virus de la rabia aerolizado. Por lo general, este riesgo se da en entornos de laboratorio.
Fases y síntomas de la infección por rabia en humanos
Tras ingresar al organismo a partir de la saliva de un animal infectado, el virus de la rabia se multiplica en el sitio de la lesión. Luego, se desplaza desde la herida infectada, a través de los nervios, hacia el cerebro.
La infección, para llegar al estado final de la enfermedad, atraviesa varias fases. Entre ellas, la incubación, la prodrómica, la neurológica aguda y el desenlace.
Incubación
Es el lapso que demora el virus en pasar desde el sitio de la lesión hasta el sistema nervioso. Este proceso tarda un mínimo de 10 días y cursa de forma asintomática.
Si hay una intervención adecuada, es el momento para reducir el riesgo de muerte. En niños pequeños, y cuando la exposición se da en la cara o en el cuello, el periodo de incubación tiende a ser más corto.
Solo en casos muy raros, la enfermedad se desarrolla meses o años después.
Fase prodrómica
Tiene lugar cuando el virus de la rabia llega hasta el sistema nervioso. Este se desplaza a través de las células nerviosas hasta la médula espinal y el encéfalo, y genera daños a su paso.
En este periodo, los síntomas iniciales son similares a los de la gripe:
- Fiebre.
- Cansancio.
- Inapetencia.
- Dolores de cabeza.
- Náuseas y vómitos.
- Dolores musculares.
- Tos o dolor de garganta.
Además, puede cursar con hormigueo, dolor y entumecimiento en la zona de la mordedura. Se prolonga entre 2 y 10 días.
Prevención individual
Prevenir la rabia en humanos y en animales es tarea de todos. Las siguientes son algunas medidas adicionales que cualquiera puede tomar:
- Vacunar a las mascotas de la casa (perro, gato, hurones y otros) e informarse con qué frecuencia repetir la inmunización. Además, llevarlas de forma periódica al veterinario para chequeos de rutina.
- Sellar cualquier espacio por el que puedan entrar murciélagos al interior del hogar. Si por algún motivo estos consiguen anidarse, llamar a un experto para controlarlos.
- Educar a los niños y demás miembros de la familia para que tomen precauciones al alimentar gatos o perros callejeros. No deberían hacerlo directamente con la mano.
- Solicitar el tratamiento profiláctico preexposición contra la rabia (PrEP) en caso de viajar a zonas endémicas o de tener otros factores de riesgo de infección.
- Mantener a las mascotas confinadas en el hogar en la medida de lo posible. Que deambulen al aire libre incrementa el riesgo de que contraigan rabia.
- Evitar el acercamiento con animales silvestres, inclusive si están heridos. En lugar de esto, conviene llamar a las autoridades locales especializadas.
- Evitar que las mascotas pequeñas, que no han sido inmunizadas, tengan contacto con animales salvajes u otros animales domésticos no vacunados.
- Buscar atención médica inmediata si hay sospecha de infección por el virus de la rabia, incluso tras recibir la inmunización preventiva (PrEP).
¿Qué hay que recordar sobre la rabia en humanos?
La rabia es una enfermedad viral que se transmite a los humanos tras el contacto con la saliva de un animal infectado. Puede suceder a través de una mordida o un arañazo. Luego de un periodo de incubación que dura alrededor de 10 días, el virus compromete al sistema nervioso y causa la muerte en casi todos los casos.
Una vez llega a la médula espinal y el cerebro, no hay una terapia que pueda curar la infección. De allí la necesidad de recibir un tratamiento profiláctico posexposición (PEP) contra la rabia lo antes posible. En urgencias, el médico analizará los criterios necesarios para iniciar el protocolo.
Si un niño o cualquier miembro de la familia sufre una mordedura, en especial por parte de un perro desconocido o un animal salvaje, hay que lavar bien la zona afectada con agua y jabón durante al menos 15 minutos. Luego, se debe acudir al médico de inmediato para evaluar los riesgos. En caso de conocer al dueño del animal, hay que obtener toda la información posible de este: vacunación, nombre, domicilio, etcétera.
La vacunación de las personas con alto riesgo de infección, así como la vacunación de mascotas y animales salvajes, en conjunto con la educación respecto a la enfermedad y el acceso oportuno a las vacunas, se consideran claves para la prevención y el control de la rabia.
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