Josef K., un ciudadano corriente, se despierta una mañana en presencia de unos misteriosos funcionarios que han llegado hasta la pensión en la cual reside para detenerlo. Tras someterlo a interrogatorio, le comunican que puede seguir con su vida diaria a pesar de que está detenido.
A partir de ahí, Josef K. se ve envuelto en una pesadilla que lo conduce por un laberíntico proceso judicial para defenderse de algo que nunca se sabe qué es y con pruebas que son aún menos concretas.
Este es el argumento de El proceso, una obra escrita por Franz Kafka entre 1914 y 1915, y de la cual la editorial Arpa acaba de publicar una nueva traducción realizada por el filósofo y germanista Luis Fernando Moreno Claros, basada en los recientes descubrimientos realizados por Reiner Stach, el biógrafo más destacado del autor checo. En esta novedosa edición se han reordenado los capítulos e incorporado un fragmento que en su momento fue desechado por Max Brod, editor y amigo de Kafka.
La interpretación de El Proceso
El nuevo fragmento, inédito hasta ahora en las traducciones realizadas al español, comienza así: «Cuando salieron del teatro, caía una lluvia ligera. K ya estaba cansado a causa de la obra y de la mala representación, pero el pensamiento de que tenía que albergar al tío con él lo deprimía. Precisamente hoy le importaba mucho poder hablar con la señorita Bürstner, tal vez podía darse la posibilidad de un encuentro con ella; pero la compañía del tío lo impedía totalmente».
En la nueva edición de «El proceso» se ha incorporado un fragmento que en su momento fue desechado por Max Brod, editor y amigo de Kafka.

Portada de la primera edición del El proceso, de Franz Kafka, publicada en el año 1925.
Portada de la primera edición del El proceso, de Franz Kafka, publicada en el año 1925.
PD
El epílogo o posfacio que completa esta nueva edición explica el origen biográfico del libro y ofrece una visión panorámica de sus múltiples interpretaciones. Los especialistas en la obra de Kafka han interpretado El proceso como la novela que mejor personifica la alienación y el desamparo que sufre el hombre moderno: un individuo perdido en una absurda maraña burocrática, abrumado ante la fuerza de un poder abstracto que lo somete y que, desesperado, se ve a sí mismo abandonado en un mundo falto de cordura y condenado, simplemente, a existir y morir sin haber podido dar sentido a su vida.