El relato del auténtico soldado Ryan

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Estrenada en 1998, Salvar al Soldado Ryan es una de las mejores películas de la Segunda Guerra Mundial. La memorable escena inicial del desembarco de Omaha y la batalla final en la que Tom Hanks le pide a Matt Damon que se haga merecedor de los grandes sacrificios son inolvidables.

Aunque parezca solo un drama de Hollywood, la película se basa en la trágica historia de los hermanos Niland: Edward, Preston, Robert y Frederick «Fritz» Niland. Nacidos en Tonawanda, Nueva York, sintieron la llamada de las armas y se alistaron durante la Segunda Guerra Mundial.

Los hermanos Niland deseaban servir juntos, pero el ejército se los prohibió para evitar tragedias como la de los hermanos Sullivan. Por lo tanto, tomaron caminos distintos, con Robert y Frederick sirviendo en los paracaidistas, Preston en la infantería y Edward como operador de radio en los bombarderos.

Niland brothers

Niland brothers

Los hermanos Niland, de izquierda a derecha: Edward, Preston, Robert y Frederick.

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Después de dos años de guerra en diferentes teatros, tres de los hermanos se reunieron en Inglaterra en junio de 1944 para el desembarco de Normandía. Robert y Frederick lucharon en la invasión, pero Robert murió en combate, mientras que Frederick participó en la toma de la ciudad de Carentan. Por otro lado, Preston resultó herido de muerte en un asalto a la batería de Crisbecq en la playa de Utah.

Mientras tanto, Edward fue abatido por los japoneses en Burma. La noticia devastadora llegó a sus padres, Michael y Augusta, que ya habían perdido a dos de sus hijos. La tragedia movió al Departamento de Guerra a sacar a Frederick del frente y enviarlo a casa para evitar más dolor a la familia.

82nd Soldiers in St  Mere Eglise, France   DPLA  82nd Soldiers in St  Mere Eglise, France   DPLA

82nd Soldiers in St Mere Eglise, France DPLA

Paracaidistas americanos fotografiados cerca de Sainte Mère Église la mañana del día D.

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El capellán de la división de Frederick lo ayudó a encontrar los cuerpos de sus hermanos y los enterraron juntos en el cementerio de Colleville-sur-Mer. Frederick regresó a casa y continuó con sus estudios de medicina, casándose y teniendo una familia. La triste historia tuvo un final feliz cuando Edward fue descubierto vivo en un campo de prisioneros japonés en Burma y regresó con su familia.

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Después de la guerra, Frederick se convirtió en dentista y formó una familia, muriendo en 1983 en San Francisco a los 63 años.

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