El 27 de mayo de 1941, el acorazado Bismarck se hundió, siendo uno de los barcos más grandes y poderosos de la flota naval del Tercer Reich en ese momento. A pesar de su potencial, solo participó en una batalla antes de ser destruido.
El 24 de mayo tuvo lugar un combate en el estrecho de Dinamarca, siendo la primera y única vez que el Bismarck entró en combate a pesar de llevar ocho meses en servicio. La Marina Real Británica envió una pequeña flota para interceptar al Bismarck y al Prinz Eugen, persiguiéndolos durante tres días.
Los británicos atacaron los barcos alemanes con aviones equipados con torpedos, logrando dañar el timón del Bismarck y dejándolo inmovilizado. Fue necesario más de 400 proyectiles para hundirlo, demostrando la resistencia del barco.
La pérdida del Bismarck fue un golpe duro para la moral de la marina alemana, al ser uno de sus mejores barcos de guerra. Solo 114 tripulantes sobrevivieron de los 2.200 que llevaba en ese momento.