No hace mucho tiempo, alrededor de 1936 y 1939, los españoles se vieron involucrados en una guerra civil que dividió a comunidades, amigos y familias. En los años previos a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), esto generó un gran interés tanto dentro como fuera de España.
En ese contexto, dos figuras destacadas a nivel internacional que lograron comunicar lo que ocurría en España fueron el fotógrafo de guerra Robert Capa y el escritor Ernest Hemingway.
Además, había una conexión personal entre ambos que influyó en su trabajo. De hecho, las fotos de Capa inspiraron a Hemingway en sus escritos.
Un reportero comprometido con la República
Hemingway, quien ya tenía vínculos previos con España, era un escritor reconocido cuando decidió volver al periodismo para cubrir el conflicto español para la North American Newspapers Alliance (NANA).
La estancia de Hemingway en la guerra resultó en la redacción de treinta artículos para la prensa estadounidense y uno más, con un enfoque más personal, publicado en el diario soviético Pravda. También describió la vida cotidiana en España. Su imagen icónica como intrépido corresponsal fue reforzada por ser uno de los reporteros más famosos y mejor pagados del mundo…

Con el tiempo, su trabajo no solo se limitó a los reportajes de la guerra civil española. También destacó su obra más famosa: Por quién doblan las campanas. A través de una combinación de hechos reales y elementos de ficción, el premio nobel expresó una apasionada defensa de la causa republicana y del pueblo español. En el libro De Hemingway a Barzini. Corresponsales extranjeros en la guerra civil, el autor Daniel Arasa comentó:
“Pocos días después de enviar su última crónica de este periodo, Hemingway regresa a Estados Unidos. Allí continúa mostrando su total apoyo a la causa republicana con un optimismo casi irracional. […] Esta falta de realismo total, esta confianza ciega, le impidió ver claramente lo que estaba sucediendo, o intentaba convencerse a sí mismo de lo contrario”.
La novela se convirtió en un símbolo del conflicto en la mente colectiva. Esta influencia se vio reforzada con la película del mismo nombre, protagonizada por Gary Cooper e Ingrid Bergman, que recibió nueve nominaciones a los premios Óscar.
El momento de Capa
En cuanto a Robert Capa, sus fotos capturaban la vida cotidiana utilizando el concepto de “instante decisivo” de Henri Cartier-Bresson. Es decir, buscaba capturar el momento culminante en una sola imagen. Sus fotos se centraban en el plano medio, evitando lo general o lo detallado, presentando gestos en blanco y negro, con un grano que creaba una atmósfera única.
Capa capturó imágenes en varios conflictos. Destacan especialmente once fotos del desembarco de Normandía, que se caracterizan por su cercanía al evento, narrando la situación de manera impactante, con imágenes ligeramente movidas y donde la persona es la protagonista principal.

Estas fotos del Día D inspiraron un estilo visual similar en la película de Steven Spielberg Salvar al soldado Ryan, como se puede ver en la escena del desembarco en las playas de Normandía. La estética contribuye a crear una atmósfera de misterio e irrealidad, principalmente debido al grano de la película y al ligero desenfoque que son rasgos distintivos de la narrativa del fotógrafo.
Sin embargo, sus fotos de guerra están más asociadas a la guerra civil española. Es importante mencionar que en 1936, el hombre conocido como André Ernö Friedman adoptó el seudónimo de Robert Capa. En el inicio del conflicto, comenzó a publicar sus primeros reportajes en la revista Vu. Posteriormente, se estableció que Capa era solo él, separándose de las fotos de Gerda Taro (su pareja y creadora del seudónimo, fallecida en la guerra) y de David Seymour (apodado Chim). Desde entonces, publicó sus reportajes de manera independiente.
Posteriormente se incluyen otras revistas como Regard y Ce Soir, así como la británica Picture Post.
El enigma del soldado
Aunque Muerte de un miliciano, una de las fotografías más emblemáticas, fue publicada en revistas francesas en 1936, no alcanzó fama internacional hasta su aparición en Life, en julio de 1937.
Es, sin duda, una de las imágenes más difundidas del conflicto. Las circunstancias especiales que rodean a esta fotografía –tomada durante el fragor de la batalla– han generado controversia sobre su valor y autenticidad –¿una instantánea real o un montaje?–. La autenticidad ha sido defendida por su biógrafo oficial, Richard Whelan. En una entrevista en enero de 1999 con El País semanal, Whelan declaró:
“La controversia ha quedado definitivamente resuelta a favor de Capa gracias al descubrimiento de la identidad del hombre que aparece en la fotografía; se trata de Federico Borrell García, que falleció en Cerro Muriano, a 12 kilómetros al norte de Córdoba, el 5 de septiembre de 1936”.
Respecto a su autenticidad, el profesor José Manuel Susperregui, en uno de sus estudios, analiza la controversia al situar, a través de un estudio topográfico, Muerte de un miliciano en el Cerro del Cuco en lugar de en el Cerro Muriano, donde se localizó durante años.
En sus conclusiones, afirma que:
“Con esta nueva referencia de ubicación, la interpretación de la fotografía Muerte de un miliciano cambia por completo y demuestra que la versión del autor sobre esta fotografía es totalmente falsa, desmintiendo los distintos relatos basados en su versión. Así como otras teorías que atribuyen su autoría a su compañera Gerda Taro”.
Independientemente de su autenticidad, su valor icónico y su permanencia en el tiempo son innegables. No solo es una de las fotografías más populares de Robert Capa, también es la más reconocida de la guerra civil española y una de las imágenes bélicas más famosas del mundo. Más allá de su carga propagandística, representó el primer paso hacia la instantaneidad en la fotografía de guerra.
La estrecha relación entre los corresponsales extranjeros y los periodistas españoles durante la Guerra Civil favoreció la creación de imágenes y reportajes con fuerte carga ideológica y propagandística, potenciados por el prestigio del autor. La población civil y los individuos anónimos se convirtieron en nuevos protagonistas de las imágenes de guerra. Asimismo, lo cotidiano también tuvo cabida en las crónicas.
Capa y Muerte de un miliciano, al igual que Hemingway y Por quién doblan las campanas, se han asociado rápidamente a la guerra civil española como símbolos. Ambas obras se han establecido como iconos propagandísticos al servicio de la causa republicana, al igual que sus autores.
Miguel Ángel de Santiago Mateos, Profesor de Comunicación Audiovisual y Publicidad, Universidad CEU San Pablo
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Consulta el original.
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