
La talidomida ha tenido un pasado turbulento, siendo inicialmente utilizada como sedante y somnífero en la década de 1950, pero posteriormente asociada con graves deformidades en niños de mujeres embarazadas que la tomaban. Sin embargo, en años recientes ha resurgido como una prometedora molécula en el campo de la medicina.
Estudios han demostrado que la talidomida inhibe el crecimiento de vasos sanguíneos, lo que la hace potencialmente útil para cortar el suministro de nutrientes a los tumores. Además, se ha demostrado su eficacia en el tratamiento del mieloma múltiple, un tipo de cáncer de médula ósea.
El doctor Xinlai Cheng, del Instituto de Química Farmacéutica de la Universidad Goethe de Fráncfort, explica que la talidomida actúa como un «pegamento molecular», uniendo proteínas y marcando ciertas proteínas para su degradación. Este mecanismo ofrece grandes posibilidades en el tratamiento del cáncer, ya que las células cancerosas dependen de ciertas proteínas para sobrevivir.
Cheng y su equipo han producido derivados de la talidomida y han identificado aquellos que marcan proteínas clave, como la BCL-2, para su degradación. Esta proteína es importante en la investigación del cáncer, y los derivados de la talidomida han demostrado ser efectivos incluso en células cancerosas con mutaciones en BCL-2.
Estudios en moscas de la fruta con células cancerosas han mostrado una mayor tasa de supervivencia con el tratamiento de los derivados de la talidomida. A pesar de estos prometedores resultados, Cheng destaca que aún se necesita más investigación para determinar la eficacia de estas moléculas en la práctica clínica.