Lecciones históricas de los «errores» de ‘Los Bridgerton’

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La tercera temporada de la serie Los Bridgerton, que se estrena en dos partes -una el 16 de mayo, y la otra el 13 de junio-, vuelve a traer a la pantalla los dramas y romances de una alta sociedad inglesa muy poco propia de principios del siglo XIX. En esta ocasión, es la relación entre Colin Bridgerton y Penélope la protagonista de la trama.

Con referencias a la literatura de Jane Austen, escritora que vivió en el momento histórico en el que supuestamente está ambientada la serie, la nueva temporada promete no romper con el estilo original, estrafalario e intencionadamente poco riguroso que caracteriza a la producción completa, y que en cierto modo constituye la clave de su éxito.

Detalles que no perdonaríamos jamás en una producción histórica, como en las películas clásicas de María Antonieta (1938) o Espartaco (1960), se convierten en el atractivo de estas escenas en las que confluyen pasiones, traiciones y comedia a partes iguales. Aun así, no está de más destacar que los tan criticados anacronismos nos abren la puerta a descubrir cómo se vivía realmente en la época de la Regencia inglesa, que abarcó desde 1811 hasta 1820, a partir del momento en el que el rey Jorge III, que sí se asemeja al personaje homónimo del spin-off dedicado a la Reina Carlota, fue considerado no apto para gobernar.

¿Acaso existían entonces las ceremonias para fomentar el matrimonio que aparecen en la serie? Y si era así, ¿a ritmo de qué melodías se bailaba? ¿O cómo se vestían los candidatos? Esto es lo que Los Bridgerton puede enseñarnos sobre la historia a través de sus «errores».

La Regencia inglesa se enmarca en un período histórico más amplio conocido como la época georgiana, la cual se extiende durante los reinados de Jorge I, II, III y IV. Si bien el matrimonio ha representado un punto de inflexión en la vida de las personas de cualquier clase social a lo largo de la historia, para entonces el proceso de encontrar marido o mujer, tal y como lo cuenta Sally Holloway en su libro El juego del amor en la Inglaterra georgiana: Cortejo, emociones y cultura material (2019) y como se refleja en la serie, se concentraba en una temporada del año, conocida como la Temporada de Londres.

Durante esos meses, que correspondían con el invierno y la primavera, las élites celebraban bailes y otros eventos de ocio para dar a conocer a los nuevos protagonistas del «mercado matrimonial»: jóvenes deseando encontrar, de manera tan romántica como obligada, alguien con quien casarse. No será necesario entrar en los detalles sobre cómo se desarrollaban estos bailes si se está familiarizado con la serie, que sorprendentemente en dicho aspecto es fiel a la realidad. Sin embargo, hay un elemento distorsionado en estas escenas: la música. Porque no, la versión en violín de Wildest Dreams de Taylor Swift no es ni un poco similar a las melodías que se bailaban en esa época.

De hecho, el instrumento más común en las corrientes musicales del Clasicismo y el Romanticismo, que se solaparon durante la Regencia, era el piano, y no el violín. Así, fueron piezas Mozart, Schubert o Schumann, entre otros, las que se reprodujeron en las ceremonias de la época, como también algunas sinfonías de Beethoven. Eso sin dejar de lado el vals, que fue aceptado socialmente en Inglaterra alrededor del año 1810.

Uno de los detalles que se le escapó al equipo de decoración de Los Bridgerton, aunque no se sabe si también de forma intencionada, es el de las líneas amarillas de aparcamiento presentes en las calles del Londres actual. Este fue identificado y publicado en X, antes conocido como Twitter, por los espectadores más atentos, porque solo se deja ver en una escena de la primera temporada, estrenada en 2020.

A decir verdad, las señales de tráfico no son elementos propios de nuestra época, al contrario de lo que pueda parecer: incluso los antiguos romanos se preocupaban por la seguridad vial, y por ello construían miliarios (una especie de postes que indicaban las millas romanas de la carretera) o pasos de peatones. Sin embargo, el «despiste» de la serie comenzó a emplearse en Londres en la década de 1960, casi en coincidencia con la firma por parte de Inglaterra de la Convención de Viena sobre Señalización Vial, celebrada en 1968. Así que: no, las líneas de aparcamiento no existían en la época de Los Bridgerton.

En la actualidad, que una mujer lleve el pelo suelto es de lo más normal, pero no siempre ha sido así a lo largo de la historia: de hecho, a nadie que hubiese vivido durante la Regencia inglesa se le habría ocurrido reproducir dicha estética. De nuevo, las «melenas al viento» que pueden verse en la serie constituyen un anacronismo, que responde a la idea de introducir elementos modernos en una trama aparentemente histórica.

En este sentido, el peinado de las mujeres de esa época estaba inspirado en las estatuas grecorromanas: los recogidos estaban a la orden del día, en muchas ocasiones decorados con tiaras o diademas, de acuerdo con lo que relata Clare Le Corbeiller en La era de Napoleón. El traje de la Revolución al Imperio (1989).

Así, a principal exponente de este estilismo fue Josefina Bonaparte, quien ejerció un rol en la sociedad equivalente a lo que hoy llamaríamos ‘influencer’. Aunque su elección de vestimenta y peluquería tuvo mucho impacto entre la alta sociedad parisina, lo cierto es que sus decisiones en el ámbito de la moda pudieron haber llegado fácilmente hasta las cortes inglesas.

El vestuario de las mujeres en Los Bridgerton tiene una parte de realidad y otra de creatividad. Se sabe que, durante la época en la que está ambientada la serie, los vestidos sí marcaron un gran contraste con los de etapas antecedentes y precedentes: por ejemplo, en los años georgianos previos a la Regencia, estos eran muy pesados, cargados de decoraciones y acentuados con estructuras internas.

Por su parte, la moda en la Regencia se caracterizó por vestidos más clásicos y simples, con escote ancho y mangas ligeramente abombadas, tal y como los que viste Dafne o Eloïse Bridgerton. Eso sí, como no podía faltar, el equipo de vestuario de la producción se encargó de añadirles un toque de modernidad: el tul.

La cuestión racial en la trama de Los Bridgerton ha dado mucho de qué hablar: desde las teorías poco fundamentadas que defienden que la verdadera reina Carlota de Mecklenburgo-Strelitz, en quien se inspiró el personaje homónimo, era afrodescendiente, hasta las dudas que surgen al ver a personas negras en la Inglaterra del siglo XIX en posiciones de poder. Lo cierto es que, entonces, la esclavitud de individuos de raza negra estaba a la orden del día, por lo que la narrativa presentada por Shondaland no corresponde con la realidad histórica en la que se basa. No solo es que los matrimonios interraciales no fuesen posibles, sino que personajes como Lady Danbury no podrían haber existido, dada la incapacidad de las personas negras de entonces para ascender en la escala social. Tal y como te contamos en este artículo, su emancipación no se hizo efectiva hasta 1838. Este anacronismo, entendido en el contexto del estilo de Shonda Rhimes, directora de Los Bridgerton, no responde a la intención de borrar el pasado racista de Inglaterra, sino más bien de plantear un debate sobre cuestiones que hoy en día consideramos básicas como, por ejemplo, «quién es digno de ser amado».

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