El cacao: una bebida importante en la cultura de los mayas y aztecas.

Distrito
8 Min Read

Cuenta la leyenda azteca que cuando el dios Quetzalcóatl descendió a la tierra para ofrecer la agricultura, las ciencias y las artes a los hombres, se casó con una hermosa princesa de Tula. Para celebrar este evento, creó un paraíso donde el algodón nacía en diferentes colores, el agua fluía cristalina y abundaban piedras preciosas, plantas y árboles, destacando el cacahuaquahitl o árbol del cacao.

Sin embargo, este árbol era el alimento de los dioses, quienes se vengaron de Quetzalcóatl por entregarlo a los hombres, asesinando a su esposa. Desconsolado, el dios lloró sobre la tierra manchada de sangre y de allí brotó un árbol con el mejor cacao del mundo, «cuyo fruto era amargo como el sufrimiento, fuerte como la virtud y rojo como la sangre de la princesa».

En realidad, el árbol del cacao es nativo de la cuenca amazónica, pero se aclimató en Mesoamérica durante el II milenio a.C., una vasta región que incluye América Central y México. Allí fue domesticado y modificado hasta crear una variedad conocida como criolla, con un sabor más fino y menos amargo que el cacao de América del Sur.

Artículo recomendado

Máscara funearia de jade de la Reina Roja. Museo del Sitio, Palenque.

La misteriosa tumba de la Reina Roja de Palenque

Leer artículo

Los primeros mesoamericanos en utilizar el cacao fueron los olmecas (1200-400 a.C.), aunque no está claro si lograron domesticar la planta, si consumían sus granos o si solo usaban la pulpa fermentada para preparar bebidas alcohólicas, como se hacía en el Amazonas, donde no se consumían las semillas.

Un producto estrella

El cacao requiere condiciones específicas para crecer. Solo se desarrolla en regiones tropicales con una temperatura superior a 18 ºC y a una altitud inferior a 1.250 metros; además, necesita áreas con sombra. En Mesoamérica, prosperaba principalmente en Chiapas y Tabasco (dos estados mexicanos) y en Guatemala. Sus frutos maduran en un período de cuatro a seis meses, y después de la cosecha, las semillas de cacao se extraen manualmente abriendo los frutos. La recolección se realiza mediante vareo, golpeando la copa del árbol con una vara larga para que los frutos caigan al suelo.

Los frutos del árbol de cacao tardan de cuatro a seis meses en madurar, y después de la cosecha, las semillas se extraen manualmente abriendo los frutos.

Dibujo naturalista de la planta del cacao (Theobroma cacao). 1880-1883.Dibujo naturalista de la planta del cacao (Theobroma cacao). 1880-1883.

Dibujo naturalista de la planta del cacao (Theobroma cacao). 1880-1883.

Dibujo naturalista de la planta del cacao (Theobroma cacao). 1880-1883.

PD

Tanto por su crecimiento en un área limitada como por la complejidad de su cultivo, el cacao se convirtió en un producto de lujo en la sociedad mesoamericana. Comenzó a destacar en el período Clásico (150-900 d.C.), especialmente entre los mayas, quienes lo consideraban sagrado en todas sus formas.

En las expresiones artísticas de esta cultura, el cacao estaba presente en una variedad de soportes -vasijas, relieves o códices- siempre con la presencia de personajes de alto rango participando en ceremonias importantes. Esta profusión de representaciones en las tierras mayas no es sorprendente, ya que es precisamente en esa región donde crecía el árbol de cacao.

Artículo recomendado

Un quetzal macho vuela en las selvas de Costa Rica luciendo su hermoso plumaje verde y rojo, tan apreciado por mayas y aztecas.Un quetzal macho vuela en las selvas de Costa Rica luciendo su hermoso plumaje verde y rojo, tan apreciado por mayas y aztecas.

El quetzal, el ave sagrada de mayas y aztecas

Leer artículo

Religión y simbolismo

El cacao era parte del ritual prehispánico al menos desde el período Clásico. A veces representaba el árbol cósmico, asociado al sur y por lo tanto al inframundo, quizás por necesitar sombra para crecer. De esta manera, su simbolismo surgía en contraposición a otro de los principales cultivos, el maíz. Este último representaba la luz y la vida, mientras que el cacao se asociaba con la oscuridad y la muerte.

También estaba relacionado con el jaguar, que actuaba como su protector -existe una variedad de cacao bicolor llamada balamté o árbol del jaguar- y con el juego de pelota, debido al esfuerzo requerido por este deporte. El cacao tenía propiedades estimulantes y vigorizantes, esenciales para una actividad física tan exigente como esa.

Sin embargo, el cacao estaba principalmente vinculado a la sangre y al sacrificio por su forma y color; la apariencia de la mazorca recordaba al corazón, que contiene el líquido precioso en su interior. En ocasiones, a la bebida de cacao se le agregaba achiote, un colorante rojo que teñía los labios de quien lo bebía, dándoles la apariencia de sangre. En ciertos rituales, el cacao se mezclaba con el agua utilizada para lavar los cuchillos usados en los sacrificios.

En ocasiones, a la bebida de cacao se le añadía achiote, un colorante rojo que teñía los labios de quien lo bebía dándole la apariencia de la sangre.

Vasija maya con escena de batalla. Siglos VII-X. Museo de Arte de Cleveland.Vasija maya con escena de batalla. Siglos VII-X. Museo de Arte de Cleveland.

Vasija maya con escena de batalla. Siglos VII-X. Museo de Arte de Cleveland.

Vasija maya con escena de batalla. Siglos VII-X. Museo de Arte de Cleveland.

PD

El proceso de siembra y cultivo del cacao estaba rodeado de rituales para garantizar una cosecha exitosa. Por ejemplo, los agricultores mayas, quienes producían cacao para el resto de Mesoamérica, observaban abstinencia sexual durante trece noches antes de sembrar; en el decimocuarto día, podían tener relaciones con sus esposas y comenzar las labores agrícolas.

En este proceso, se requería sangre animal y humana para fertilizar la tierra, por lo que sacrificaban un perro pintado con color cacao, mientras que los hombres ofrecían a los dioses las semillas y su propia sangre, extraída de diferentes partes de su cuerpo, que ungían en las imágenes divinas.

El cacao también formaba parte de las ceremonias sociales. En las bodas, los recién casados compartían una jícara de cacao como símbolo de unión de sus sangres, es decir, de sus linajes. Asimismo, el cacao se incluía en los ajuares funerarios, probablemente con el propósito de alimentar a los difuntos en su travesía por el inframundo.

Mujer vertiendo chocolate en un recipiente. Códice Tudela. Museo de América, Madrid.Mujer vertiendo chocolate en un recipiente. Códice Tudela. Museo de América, Madrid.

Mujer vertiendo chocolate en un recipiente. Códice Tudela. Museo de América, Madrid.

Mujer vertiendo chocolate en un recipiente. Códice Tudela. Museo de América, Madrid.

PD

Esta práctica se mantuvo en algunas comunidades de Oaxaca (México) hasta la primera mitad del siglo XX, y actualmente el chocolate es un elemento común en todas sus formas (polvo, bombones o tabletas) en los altares de los difuntos

Share This Article