Un cráneo descascarillado encontrado en piezas planas como una pizza en el suelo de una cueva del norte de Irak ha permitido reconstruir el rostro de Shanidar Z, una mujer neandertal de 75 000 años de antigüedad. Shanidar Z tiene una expresión tranquila y considerada, alejada del estereotipo gruñón y bruto que se tenía de los neandertales. Esta reconstrucción desafía las ideas previas sobre la brutalidad y la poca inteligencia de los neandertales.
La reconstrucción facial de Shanidar Z invita a empatizar con los neandertales y a verlos como parte de una historia humana más amplia. Esta nueva imagen desafía las concepciones previas sobre la brutalidad y la poca inteligencia de los neandertales, que se basaban en conceptos racistas y desacreditados en la ciencia actual.
El cirujano facial Daniel Saleh me explicó la importancia cultural de Shanidar Z y cómo los pliegues semilunares alrededor del hoyuelo cambian la cara con la edad, sin ninguna correlación con el esqueleto. Shanidar Z puede considerarse un ejemplo de superposición de ideas contemporáneas sobre la interacción de los tejidos blandos con los huesos. Existe una larga historia de atribución de emociones, inteligencia, civismo y valor a ciertos rostros, lo que refleja una actividad política y social en la representación y comprensión de los rostros del pasado y del presente.
Históricamente, las sociedades han mostrado mayor empatía emocional hacia los rostros de aquellos con los que querían relacionarse, mientras que han creado representaciones grotescas e inhumanas de aquellos a quienes querían marginar. La forma en que representamos a la mujer de 75,000 años como una persona contemplativa y bondadosa revela más sobre nuestra necesidad de repensar el pasado que sobre la vida emocional de los neandertales.
Es importante ser conscientes de cuándo imaginamos artísticamente el pasado y por qué lo hacemos, para no ignorar el poder y los significados complejos del rostro en la historia y en el presente. Este artículo fue escrito por Fay Bound Alberti, Profesora de Historia Moderna y UKRI Future Leaders Fellow en King’s College London, y fue publicado originalmente en The Conversation. El ha sido evidente en los últimos años. La integración de la tecnología en las aulas ha transformado la forma en que los estudiantes aprenden y los maestros enseñan.
La tecnología ha permitido que el aprendizaje sea más interactivo y atractivo para los alumnos, ya que pueden acceder a una amplia gama de recursos en línea para complementar su educación.
Además, los maestros han utilizado la tecnología para personalizar la enseñanza y adaptarla a las necesidades individuales de cada estudiante.
La tecnología también ha facilitado la comunicación entre estudiantes y maestros, permitiendo una retroalimentación más rápida y efectiva.
En resumen, la tecnología ha revolucionado la educación y ha abierto nuevas posibilidades para el aprendizaje.