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Emmanuel Macron ha transformado a Francia en una parodia de sí misma, convocando elecciones legislativas anticipadas después de su fracaso en las elecciones europeas. Esto ha causado un gran revuelo en la Asamblea Nacional, su gobierno vulnerable y su presidencia.
A pesar de no tener una mayoría absoluta, Jean-Luc Mélenchon ha triunfado simbolizando la decadencia de un país ingobernable. Sus primeras declaraciones advierten sobre el caos que podría surgir si logra formar gobierno. Se siente lo suficientemente fuerte como para exigir que se aplique exclusivamente su programa y nombrar a un primer ministro de su elección por decreto.
A pesar de que el Nuevo Frente Popular es una alianza de partidos de izquierda, Mélenchon ha decidido canibalizarlo para tomar el control, pero las cuentas no le salen. La Asamblea Nacional es una torre de Babel sin una voz dominante. Marie Le Pen y Jordan Bardella duplicaron el número de diputados, pero no lograron su objetivo.
El verdadero fracaso es el de Macron. Gabriel Attal ha anunciado su dimisión, y el primer ministro se retira para analizar la situación. Macron tomará su tiempo para decidir qué hacer en esta situación de crisis.
Gabriel Albiac habla del fin de la V República y Zoe Valdés resume el cataclismo en dos palabras: «Francia, hundida». La selección nacional francesa de fútbol celebra el gol en propia puerta de Macron. Ahora solo queda esperar y ver qué decisión tomará el todavía primer ministro. Sus opciones son limitadas, pero dejar que Mélenchon intente formar gobierno y luego convocar elecciones presidenciales y legislativas simultáneas podría ser una opción. Macron no tiene nada que perder, ya lo ha perdido todo.