
El próximo 1 de julio, Hungría asumirá la presidencia de turno del Consejo de la Unión Europea, relevando a Bélgica. El Gobierno de Viktor Orbán deberá actuar como un «mediador honesto» entre los Veintisiete, a pesar de las preocupaciones por la deriva antidemocrática del primer ministro húngaro. La agenda europea de la presidencia húngara se centrará en temas de ampliación, defensa y competitividad, con el objetivo de «Hacer Europa grande de nuevo».
La Comisión Europea y diversos líderes de la UE han expresado su inquietud por la posición de Orbán, que está en sintonía con Donald Trump y cercano al Kremlin. Hungría enfrenta un procedimiento del artículo 7 del Tratado de la UE por sus reformas antidemocráticas. A pesar de las preocupaciones, el papel de la presidencia de turno del Consejo de la UE es limitado, ya que el país debe actuar como moderador y facilitador de acuerdos.
Además, la presidencia húngara se encuentra en un momento de transición, ya que la nueva legislatura comunitaria no comenzará hasta noviembre, un mes antes de que concluya el mandato de Hungría. Por otro lado, Orbán ha mostrado su oposición a la renovación de Ursula von der Leyen al frente de la Comisión Europea, lo que ha generado tensiones en la UE.