Cesarión, el hijo de Cleopatra y César, último de los Ptolomeos

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En el año 48 a.C., Julio César llegó a Egipto para imponer el orden –el orden de Roma– en el reino de los Ptolomeos. El general romano depuso al faraón Ptolomeo XIII, lo que provocó una desesperada rebelión de sus partidarios en Alejandría. Una vez pacificada la ciudad, César confirmó en el trono a la hermana y esposa del monarca depuesto, Cleopatra VII, que se casó con otro de sus hermanos, Ptolomeo XIV. Para agradecérselo, la joven reina, que apenas tenía 21 años, invitó a César, treinta años mayor que ella, a un crucero por el Nilo, a bordo de un lujoso palacio flotante.

Durante dos meses, Cleopatra agasajó a su ilustre huésped, haciéndole descubrir tanto los misterios de su país como sus propios atractivos. La pasión que surgió entre ambos fue tal que, al abandonar César la tierra del Nilo, Cleopatra quedó embarazada de un hijo de ambos. Lejos de ocultar el hecho, Cleopatra proclamó abiertamente la paternidad del romano al dar a su vástago el nombre de Ptolomeo Cesarión, esto es, «pequeño César».

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De hecho, los sacerdotes egipcios llegaron a asegurar ante sus fieles que, en verdad, el dios Amón se había encarnado en el hombre más poderoso de Roma para engendrar a ese niño. La suntuosa corte de Alejandría tenía, pues, un nuevo príncipe de origen divino.

LA REINA de egipto EN ROMA

A finales del año 46 a.C., Cleopatra llegó a Roma con su hijo y con todo el boato de su corte por invitación de Julio César. Los romanos no daban crédito; pero no porque César, reconocido galán, hubiera tenido una relación con Cleopatra, sino porque esta hubiera llegado a Roma en compañía de su segundo marido-hermano Ptolomeo XIV y César la hubiera acogido en una de sus villas suburbanas, los Horti Caesaris (en lo que hoy es el Trastévere), colmándola de honores oficiales como «aliada» de Roma.

Se decía que, en las visitas que le hacían los romanos, «la egipcia» (como desdeñosamente se referían a Cleopatra) portaba en sus brazos a su hijo y este se parecía sospechosamente a Julio César. Lo cierto es que Marco Antonio, el lugarteniente de César, aseguró en la sede del Senado que el dictador lo había reconocido ante sus más íntimos amigos como hijo suyo.

Marco Antonio aseguró en el Senado que Julio César había reconocido a Cesarión ante sus más íntimos.

Julio César conduce a Cleopatra al trono de Egipto. Óleo por Pietro da Cortona. 1637. Museo de Bellas Artes, Lyon.Julio César conduce a Cleopatra al trono de Egipto. Óleo por Pietro da Cortona. 1637. Museo de Bellas Artes, Lyon.

Julio César conduce a Cleopatra al trono de Egipto. Óleo por Pietro da Cortona. 1637. Museo de Bellas Artes, Lyon.

Julio César conduce a Cleopatra al trono de Egipto. Óleo por Pietro da Cortona. 1637. Museo de Bellas Artes, Lyon.

Museo de Bellas Artes de Lyon (CC BY-SA 3.0)

Julio César, por su parte, ni siquiera se molestó en desmentir esos rumores; es más, no tenía ningún problema en que el pequeño ostentara el nombre de Cesarión: la alianza de Roma y Egipto marcaba el inicio de un ambicioso proyecto imperial, con un posible traslado de la capital a Alejandría, y César era consciente de que su viabilidad a largo plazo quedaba asegurada con Cesarión, su único hijo varón (había tenido una hija, Julia, a la que había casado con Pompeyo, pero que murió de sobreparto).

Para que aquel plan se pudiera llevar a cabo, Roma debía dejar de ser formalmente una república, lo que llevó a César a ampliar aún más sus ya extraordinarios poderes, haciendo que su cargo de dictador fuera vitalicio (dictator perpetuus).

A partir de entonces, al «campeón de Roma» se lo permitieron todo, incluso erigir una estatua de su amante Cleopatra junto a la de la diosa Venus en el nuevo foro que había mandado construir. También surgieron rumores de un nuevo embarazo de Cleopatra que, si hubieran sido ciertos, posiblemente habrían despejado las dudas sobre la paternidad de Cesarión.

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Un corregente de tres años

La situación cambió bruscamente a raíz del asesinato de César por los partidarios del antiguo régimen republicano, en los famosos idus de marzo de 44 a.C. Cleopatra se llevó una desagradable sorpresa al enterarse de que en su testamento César había nombrado tutores para un hijo natural, «en el caso de que le naciese alguno», pero designaba como heredero a su sobrino nieto Octaviano y no reconocía a Cesarión como hijo suyo. En medio de todo ese desconcierto, y comprendiendo que sus vidas corrían peligro, Cleopatra decidió volver a toda prisa a Egipto con Cesarión.

Ya en Alejandría, la reina ordenó resolutivamente el envenenamiento de su hermano Ptolomeo XIV y nombró como corregente a Cesarión, a pesar de que este solo tenía tres años. A partir de entonces, Cesarión pasó a ser reconocido oficialmente como Ptolomeo XV César, ostentando los sobrenombres de Filopator (que ama al padre) y Filometor (que ama a la madre), para que así nadie dudara de que había sido fruto de su apasionada historia de amor con el dictador.

La reina Cleopatra ordenó resolutivamente el envenenamiento de su hermano Ptolomeo XIV y nombró como corregente a Cesarión, que tenía tres años.

Pintura mural de Pompeya que muestra a Venus y Cupido y que se cree que en realidad representa a la reina Cleopatra y a su hijo Cesarión.Pintura mural de Pompeya que muestra a Venus y Cupido y que se cree que en realidad representa a la reina Cleopatra y a su hijo Cesarión.

Pintura mural de Pompeya que muestra a Venus y Cupido y que se cree que en realidad representa a la reina Cleopatra y a su hijo Cesarión.

Pintura mural de Pompeya que muestra a Venus y Cupido y que se cree que en realidad representa a la reina Cleopatra y a su hijo Cesarión.

PD

Pero en Roma, Octaviano no reconoció el linaje del nuevo rey de Egipto y muy oportunamente, el antiguo administrador y hombre de confianza de Julio César, llamado Cayo Oppio, publicó un libro en el que revelaba que Cesarión no era hijo de quien decía ser y que todo era un bulo. Este era un aviso para que Cleopatra se andase con cuidado con los nuevos amos de Roma.

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