¿Deben los deportistas involucrarse en todo lo que sucede a su alrededor? ¿Deben expresar abiertamente sus opiniones, sus votos, sus molestias o sus pensamientos más allá de su desempeño en el deporte, de lo que hacen en el campo o en la pista? Esta semana hemos sido testigos de dos ejemplos completamente opuestos.
Por un lado, Mbappé pidiendo a los jóvenes que participen en las elecciones y que detengan el avance de los extremismos, especialmente de la ultraderecha. Por otro lado, el portero de la selección, Unai Simón, expresando lo contrario, pidiendo no tener que tomar posición, no tener que hablar de política.
Es innegable que los futbolistas mueven a miles de seguidores. Desde su forma de vestir, sus zapatos, el automóvil que conducen, la música que escuchan… Todo se convierte en una especie de religión para sus seguidores, especialmente para los jóvenes que los ven como modelos a seguir en todos los aspectos, incluida la política.
Por eso, es significativo lo que han hecho Mbappé y otros jugadores de la selección francesa. Están defendiendo los colores y los valores de su país, que se ven amenazados por ciertas fuerzas políticas. Han querido expresarlo, apelando a los colores de su camiseta y al país que representan en el campo. Instan a sus seguidores a hacer lo mismo en las urnas, a votar.
Vivir en una burbuja es irreal. Pretender que lo que sucede a nuestro alrededor nos sea ajeno es una utopía, especialmente cuando la política lo abarca todo, desde los impuestos hasta los derechos que algunos intentan socavar.
Sin embargo, esto conlleva riesgos. Se corre el riesgo de ser el centro de críticas, como le sucedió al jugador del Real Madrid. El partido de Le Pen no tardó en criticarlo, al igual que hizo con Zidane cuando pidió detener el avance de la ultraderecha. También corres el riesgo de decepcionar a quienes te ven como un ídolo en el campo, ya sea porque lo que dices no concuerda con sus pensamientos o porque tu falta de posicionamiento resulta decepcionante.
Existen numerosos ejemplos de deportistas que, al expresarse, han decepcionado a sus seguidores. Personas que, a pesar de sus privilegios, suenan vacías al defender los derechos de los demás, ya sea de las mujeres, los migrantes, entre otros. Lo cierto es que hay deportistas comprometidos con sus ideas y otros que prefieren mantenerse al margen, pase lo que pase.