El primer ministro de India, Narendra Modi, se enfrenta a la tarea de formar una coalición después de sufrir un revés en su campaña ultranacionalista. La pérdida de la mayoría parlamentaria en solitario dificulta sus planes de reforma económica y la consolidación de su legado. Modi ha sido reelegido para un tercer mandato, convirtiéndose en el primer jefe de Gobierno indio en lograrlo en 60 años. Sin embargo, esta vez tendrá que gobernar en coalición, algo que no había experimentado desde su llegada al poder hace una década.
La derrota de Modi en su bastión en el estado de Uttar Pradesh ha sido significativa, con su partido Bharatiya Janata (BJP) relegado al segundo lugar detrás del Partido Socialista. Esta derrota en un estado clave ha sido interpretada como un revés para Modi, cuya campaña ha sido criticada por marginar a la población musulmana y otras minorías vulnerables.
El resultado de las elecciones ha fortalecido a la alianza opositora liderada por Rahul Gandhi, del Congreso Nacional Indio. Gandhi ha logrado un éxito extraordinario al conseguir 237 escaños, presentándose como un contrapeso a las ambiciones ultranacionalistas de Modi.
Modi ha prometido seguir adelante con su objetivo de convertir a India en una nación plenamente desarrollada para 2047, pero la pérdida de una mayoría parlamentaria sólida dificultará la implementación de reformas constitucionales importantes. Deberá negociar con sus socios de coalición para avanzar en sus planes de reforma económica y abordar las preocupaciones de los ciudadanos.
En medio de tensiones y desafíos, Modi ha destacado la lucha contra la corrupción como una de sus prioridades principales para su tercer mandato. A pesar de los obstáculos, el primer ministro sigue firme en sus objetivos y está preparado para enfrentar los desafíos que se presenten en el camino hacia la transformación de India.