En una aparente contradicción en la política exterior de Estados Unidos, la Casa Blanca paralizó, la semana pasada, el envío de más de 1.000 bombas a su gran aliado Israel ante las preocupaciones por una invasión terrestre de Rafah, el último enclave de la Franja de Gaza, según han revelado diferentes medios estadounidenses.
Una posición que contrasta con la aprobación, a finales del pasado mes de abril, de un paquete de ayuda al Estado judío por valor de 26.000 millones. El cargamento retenido incluye 1.800 bombas de 2.000 libras (907 kilos) de peso y 1.700 bombas de 500 libras (226 kilos), de acuerdo con la información facilitada a la cadena de noticia CNN, por un funcionario estadounidense no identificado.
La fuente asegura que la decisión se tomó por el miedo al uso de Israel de las 1.800 bombas más pesadas y «el impacto que podrían tener en entornos urbanos densos como hemos visto en otras partes de Gaza».
Las fuerzas militares israelíes tomaron este martes el control del cruce fronterizo de Rafah con Egipto y cortaron el paso de personas y mercancías, mientras seguían bombardeando la zona.
El portavoz del Departamento de Estado de EE.UU., Matt Miller, declaró, este martes, que esas acciones militares por ahora parecen «una operación limitada», aunque hay que ver los pasos siguientes para saber su alcance.
«Han dicho, creo que con bastante claridad, que no es ningún secreto que quieren llevar a cabo una operación militar importante allí. Hemos dejado claro que nos oponemos a tal operación», agregó.
